Tras una larga espera, llegó el gran día de la boda religiosa de Ale Capetillo y Nader Shoueiry, una unión que selló su historia de amor entre el encanto colonial de México y los acentos cálidos del Líbano.
El escenario elegido: la espectacular Hacienda Zotoluca, en Hidalgo, un enclave lleno de historia y naturaleza que se transformó en el testigo perfecto de un “sí, acepto” tan íntimo como inolvidable.
Aunque la pareja ya se había casado por lo civil en Madrid el pasado abril, fue este fin de semana cuando celebraron su ceremonia religiosa rodeados de familia, amigos cercanos y una atmósfera que parecía salida de una postal.
Desde la noche anterior, con una alegre preboda llena de música, colores y baile, se intuía que lo
que vendría sería mucho más que un enlace: sería un homenaje a sus raíces, a su unión y a sus mundos.
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Una novia entre herencia y modernidad
Ale Capetillo deslumbró con un vestido blanco diseñado por Lorena Formoso, amiga cercana de la novia, con quien comenzó una relación profesional durante una editorial para ¡HOLA! en 2022.
El diseño fue una fusión exquisita entre romanticismo contemporáneo y detalles simbólicos: desde el guiño a la herencia sevillana de su abuela hasta la mantilla familiar que Ale eligió como primer accesorio en cuanto recibió el anillo de compromiso.
Completó su look con un ramo de tulipanes naranjas, una elección personal que también repitió en su boda civil, como un hilo invisible entre ambas ceremonias.
La entrada de Ale fue majestuosa: a bordo de una carreta junto a su madre, Biby Gaytán, y escoltada por mariachis y charros que alzaban sus sombreros al paso del cortejo.
Su padre, Eduardo Capetillo, la acompañó hasta el altar vistiendo un elegante traje de charro negro, evocando su propio enlace con Biby hace más de tres décadas.
La boda de Ale Capetillo, entre tradiciones mexicanas y acentos libaneses
La ceremonia fue un reflejo armonioso de dos culturas. Ale pronunció parte de sus votos en árabe, como un gesto de amor hacia la familia de Nader y su herencia libanesa.
En el altar, un cuadro de la Virgen de Guadalupe presidía la escena como símbolo de fe y tradición familiar.
El ambiente, cuidadosamente curado, incluyó desde tambores árabes y DJ con música libanesa hasta mariachis mexicanos que musicalizaron los momentos más emotivos.
La gastronomía corrió a cargo del reconocido chef Santi Palacios, quien diseñó un banquete tipo buffet que permitía a los invitados crear combinaciones únicas entre platillos mexicanos y libaneses.
Una celebración para el recuerdo
Después de los votos, vino la magia. Ale y Nader saludaron a sus invitados desde un balcón de la hacienda, siendo recibidos con vítores, porras y una energía desbordante.
Ya en la pista, bailaron al ritmo de “Volare” envueltos en espuma blanca, en una escena que parecía sacada de un sueño mediterráneo.
Minutos después, los cielos se iluminaron con fuegos artificiales sincronizados con el “Huapango de Moncayo”, cortesía de TEMPO Fireworks, acompañados por un espectacular show de láseres de BATIZ.
Uno de los momentos más entrañables fue el baile de Ale con su padre, quien la acompañó al centro de la pista mientras sonaba “Hoy tengo que decirte papá”, un tema icónico de la etapa de sus padres en Timbiriche.
Biby Gaytán: madre, musa y presencia estelar
Aunque no asistió a la ceremonia civil en Madrid, Biby Gaytán estuvo presente en todos los momentos clave de esta celebración.
Para la ceremonia, eligió un vestido largo en tonos lavanda con transparencias, ideal para una boda al atardecer.
En la preboda del viernes, se dejó ver bailando junto a su hija en un vestido rosa, mostrando la complicidad y amor entre madre e hija.
Ale Capetillo y Nader Shoueiry protagonizaron más que una boda: ofrecieron un relato de amor contemporáneo que honra la familia, la multiculturalidad y el arte de celebrar desde el corazón.
Un evento que, sin duda, quedará grabado en la memoria y en los álbumes de estilo como una de las bodas más bellas del año.
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