Conocí a Jaime Camil hace 14 años. Como todo con él, fue como un torbellino. El conoció a mi esposo en Alemania y quedaron que cuando fuéramos a México le avisáramos para que nos viéramos en Acapulco.
Llegando a Acapulco, le llamamos por teléfono, le indignó que estuviéramos en un hotel y mandó por nosotros para hospedarnos en su casa. Desde ahí fue una relación entrañable, a las pocas horas
de conocernos me adoptó como su sobrina.


Lee también: ASÍ SE DESPIDE ISSABELA CAMIL DE SU PAPÁ
Jaime era impresionante, nunca he conocido a alguien con tanta energía y con tanta capacidad de multitasking: mientras le marcaba a algún amigo importantísimo, pedía que le comunicaran con alguien más, nos pedía que oyéramos tal canción del nuevo disco de Jaimito su hijo, en fin, nunca entendí como tenía ese motor 24/7.
Poco a poco fui conociéndolo más porque nos brindó a mi esposo y a mi el regalo de su amistad incondicional y generosa, como era él. La primera gran herencia que me dejó fue conocer a su familia extendida: Tony y sus hijas, a las que Jaime siempre consideró como suyas, y a sus 3 hijos: Jaime (y por consiguiente mi querida amiga Heidi), Jorge y Alexia. Tuve la oportunidad de convivir con todos en diferentes oportunidades y de verdad fue un regalo conocerlos.
En segundo lugar, me heredó a sus hermanas y sus familias. Mayra, su hermana, fue a Berlín de vacaciones con Carlos, su esposo, y sus hijas, nos conocimos y de ahí nos hicimos familia por elección; este año también murió Carlos, dos pérdidas muy cercanas y dolorosas para mi. Después conocí a Io – Carrillito como le decía
Jaime – y también ella y sus hijos Sofi y Pepe se convirtieron en familia. Después conocí a Lou, sobrina de Jaime, con quien también construí una muy bonita amistad.


Cada vez que veíamos a Jaime eran risas, era recibir consejos directos y valiosos, para mi en lo personal y en lo laboral, varias veces recurrí a él para saber su opinión, era convivir con su familia, conocer a sus amigos y hacerlos propios, como por ejemplo al querido Joaquín López Dóriga, era sentir una amistad entrañable.
Desde ir a ver un partido del mundial, comer paella que hacía deliciosa, pasar unos días con él en Aca, disfrutar juntos algún evento familiar, de verdad no acabo de asimilar el vacío que me dejó.
Otra faceta de él era su altruismo, fue un pilar para Acapulco. Una vez, en su casa, salí al jardín y estaba con un bonche de papeles revisando uno por uno. “Ven acá, sobrinita, siéntate; mira, cada hoja es un niño que tengo becado aquí en Acapulco y me mandan su desempeño escolar”. Empecé a leer y los niños tenían unas historias personales tristísimas, pero eso sí, todos con excelentes promedios. Este es tan solo un ejemplo de todo lo que sé y me consta que hizo.


Mi último recuerdo fue ser padrinos de anillos, él y yo, en la boda de su sobrina y ahijada, Constanza Müggenburg Camil, quien es mi hija postiza. Juntos caminamos en el cortejo y, como era de esperarse, cuando pasamos a la bendición de los anillos, se cotorreó al sacerdote.
Queridísimo Uncle Jimmy, te vas y dejas un gran vacío y una gran tristeza en nuestras vidas, pero siempre vivirás en nuestros corazones. Te amamos.







