Con 89 años, el empresario Manuel Arango es un apasionado en todo el sentido de la palabra. Reconocido por su visión en los negocios, también ha sido figura clave en el interés por el patrimonio cultural de México, un amante de la naturaleza y un precursor en el cine, al cual, sin buscarlo, obtuvo el máximo galardón que da el séptimo arte: el Oscar.
En el podcast de «Ageless con Luisa Serna», Manuel Arango compartió, además de algunos de estos interesantes temas, los factores que él considera para lograr una vida plena a cualquier edad, de acuerdo con su experiencia.
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La curiosidad, un factor muy importante en la vida
En su visión, don Manuel Arango, empresario reconocido por ser la mente detrás de la cadena de tiendas minoristas, Bodega Aurrerá, la curiosidad es un elemento que debe de estar en toda la vida, sin importar la edad o trayectoria que se haya tenido.
«Yo creo que en la vida realmente la curiosidad es un factor muy importante (…) Según vamos creciendo y vamos siendo adultos, de repente, caemos en el error de decir, ‘bueno, esto ya lo vi, eso no me interesa'».
«En fin, nos vamos alejando un poco de esa de esa curiosidad, lo cual yo creo que es muy negativo porque el mundo es tan vasto, el universo es tan grande que nunca hay forma de terminar con la curiosidad. Lo que termina es nuestro interés», contó a Luisa Serna en el podcast de «Ageless».
«La curiosidad es un factor muy importante que siempre debemos de estar pendientes de lo que pasa a nuestro alrededor. La curiosidad te da vitalidad, te da vida, te da razón de ser porque cuando eres curioso, estás alimentando tu inteligencia».
De la mano de la curiosidad está la creatividad, una característica que al ser combinada puede dar grandes satisfacciones personales y profesionales.
«Curiosidad y creatividad van juntándose todo para hacerte una vida más plena y más alegre para los demás».
La pasión es otra de las claves para vivir pleno y feliz
Empresario exitoso, precursor de la manera de hacer cine documental y amante de México, una de las reflexiones de don Manuel Arango es que con pasión es más fácil el hacer las cosas.
«En la vida se pueden hacer muchas cosas porque hay que hacerlas por distintas razones, pero cuando tú haces algo con pasión, ese es un cambio enorme. Y este es un sentimiento que a mí me encanta, pues está mal que yo lo diga, pero soy muy apasionado para bien o para mal».
Además, asegura que el dar es lo mejor que alguien puede hacer en la vida, una idea que se aplica en todos los rubros.
«Tú das y en alguna forma, no directamente a quien diste o como diste, en alguna forma, te va a llegar más de lo que tú das (…) Todos podemos dar y todos podemos recibir mucho más de lo que damos».
Mente detrás de proyectos como el Centro Mexicano para la Filantropía, Manuel ha sido un precursor en la exploración de la riqueza arqueológica de México.
El histórico viaje por el mundo que Manuel Arango utilizó como ‘meditación’
En su espíritu aventurero, don Manuel Arango realizó un viaje alrededor del mundo que duró algunos meses, siendo el primer mexicano en hacerlo.
Este viaje combinó su pasión por la aviación con una necesidad personal de reflexión, tal y como lo contó en el podcast de «Ageless».
«Yo quería someterme quizás a una prueba a mí mismo. Ese ambiente tuvo momentos hostiles, cuando te acercas a la naturaleza o a cosas más grandes, te das cuenta de lo que somos, somos seres muy pequeños. En tiempo y en escala».
«Cuando estás metido en un ambiente como ese, eran muchas horas de soledad volando sobre el Atlántico, sobre la selva de Brasil de aquella época, donde no había señales de vida de nada. Estás en comunicación contigo mismo, estás muy consciente contigo. A veces cuando estamos tan ocupados socialmente, estamos ocupados de todo lo que nos rodea, pero no de nosotros».
«Alguna gente se va a la India a meditar. Para mí fue el equivalente de irme a la India a meditar. Yo meditaba en el espacio, en esos momentos difíciles y siento que cuando regresé quizás el que más se benefició de todo eso fui yo».
De su corazón aventurero a su pasión por la riqueza arqueológica de México
Además de su famoso viaje en avión, a don Manuel también se le conoce por otros viajes y exploraciones, como la organización de viajes para turistas a Oaxaca y la exploración de sitios arqueológicos en México.
«Yo fui a llevar unos amigos que querían hacer turismo en México y querían ir a Oaxaca, la clásica cosa, a ver el México prehispánico. Era un grupo muy divertido de distintas nacionalidades y alguien dijo: ‘No, pues pregúntale a Manuel'».
«Me preguntaron, ‘oye, queremos ir, ¿cómo nos podemos organizar?’. Yo era muy divertido, dije, ‘yo los llevo’, pero yo no soy guía de turistas y no soy experto sobre todo en monumentos prehispánicos ni nada de eso. Entonces dije, pues yo los llevo», relató.
Sus ganas de explorar lo llevaron a innovar
En la entrevista con Luisa Serna, creadora del sitio El Mundo de Regina, el empresario reveló cómo fue que se topó con la idea de ayudar a descubrir parte de las zonas arqueológicas de México escondidas por el tiempo.
«Contraté a un guía, un verdadero experto que nos llevó. Fuimos a Monte Albán y fuimos a Mitla y todo el mundo estaba feliz y contento y de repente me dice, ‘oiga señor Arango, fíjese que aquí estamos haciendo una excavación y está muy incipiente, pero hay dos estelas o no, tres estelas maravillosas que las acaban de descubrir, son como de 2 metros en piedra, preciosas, de los jugadores de pelota. ¿Le gustaría ir? No, pues cómo no nos va a gustar ir. Y llegamos».
«No había nadie trabajando ni nada, había un techito de lámina protegiendo las estelas maravillosas (…) Bueno, ahí podía haber acabado la idea, claro, pero se me quedó grabado eso».
La idea de hacer un documental para mostrar la riqueza cultural de México a través de sus vestigios prehispánicos.
«Yo no conocí al doctor Ignacio Bernal, luego ya se volvió para mí Nacho, aunque era mucho mayor que yo y todo una autoridad. Me fui a los dos días, le pedí una cita al Museo Nacional de Antropología, que se acababa de inaugurar, y llegué y me presenté y me dijo, ‘dígame en qué le puedo ayudar’. Pasó esto y esto y le conté, a mí me gustaría formar un grupo y si es necesario ver si económicamente podemos ayudar a la excavación de esto».
«‘Ah, bienvenido’,» me dijo. Y ahí se formó un grupo, se reunieron fondos y se excavó y efectivamente ahí estaba el juego de pelota, estaba todo. Entonces me tocó vivir toda esa experiencia y al haber vivido toda esa experiencia me di cuenta de que yo sabía bien poco del tema, conocía muy pocas de las zonas prehispánicas de México y dije, ‘y le pasa la mayor parte de los mexicanos’. Si yo pudiera hacer un documental y mostrar todo esto, y ahí surgió la idea de hacer un documental».
El documental que hizo ganar a Manuel Arango dos premios Oscar
«Centinelas del Silencio» capturó la majestuosidad de los sitios arqueológicos mexicanos desde una perspectiva innovadora, así lo contó don Manuel.
«Yo no sabía nada de cine, no me interesaba el cine en lo más mínimo. A mí me interesaba cómo puedo yo que esto lo puedan ver. Tenía un amigo en Los Ángeles que fue el que inventó el sistema para filmar desde helicópteros, que se llamaba Nelson Tyler, y era mi amigo, le dije, ‘oye, Nelson, quiero hacer esto'».
«Era el inventor del sistema y además era uno de los grandes camarógrafos de Los Ángeles. Él filmó la famosa toma de Barbra Streisand cantando desde la Estatua de la Libertad, que se aleja uno y luego ve todo Nueva York, todo Manhattan, él la filmó».
Con las ganas de mostrar el pasado prehispánico de México, Manuel se embarcó en una aventura que destacó por sus tomas aéreas de la zona arqueológica de Teotihuacán y Chichen Itzá.
«Eso se hizo desde helicóptero y por eso pues fue novedoso ver todas esas cosas. Filmamos 8 horas, nos tardamos 3 meses en recorrer México. De 8 horas, hicimos un documental de 20 minutos«.
Por este trabajo, producido por Robert Amram y narrado por el actor mexicano Ricardo Montalbán, hizo historia al obtener dos Oscares en la misma ceremonia.
«Fue un parteaguas porque realmente yo nunca pensé ni remotamente en un premio. Yo ni siquiera lo inscribí ni nada. El que lo dirigió, un amigo mío inglés, lo inscribió y me dijo, bueno, no podía ni hablar del gusto, ‘fíjate, estamos nominados’. Nominados a qué, ‘a los Oscares’. Yo no seguía ni los Oscares. Bueno, yo llegué, no llevaba una palabra escrita, dije, ‘muchas gracias y me salí».
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