Jessica Simpson es conocida por su música y su turbio pasado amoroso. La intérprete de ‘Irresistible’ alcanzó la fama gracias al reality con Nick Lachey, su exesposo. Newlyweds: Nick and Jessica duró lo mismo que su matrimonio de 2002 a 2006. Y fue hasta 2014 que Jessica se dio otra oportunidad en el amor junto a Eric Johnson, con quien tiene tres hijos.


Su vida personal ha tenido altibajos. Mientras demostraba sus dotes como cantante, también fue sumamente criticada por ser ‘una rubia más’. Sin embargo, su privilegiada voz habló por sí sola y además, Jessica nunca se detuvo. Probó suerte como actriz y también ha tenido éxito como empresaria con su propia línea de zapatos.
Pero el camino al éxito también le ha cobrado factura. La más importante y quizá, la que dejó una huella imborrable fue su lucha contra el alcohol y otras adicciones. El año pasado lanzó su biografía ‘Open Book’, en donde retrata su camino hacia la fama, los obstáculos que ha tenido que vencer, y otros eventos que marcaron su infancia de manera dramática. Uno de ellos tuvo que ver con una violación cuando tenía tan solo seis años.


Por si fuera poco, destapó más detalles de su lucha con el alcohol y a otros medicamentos. En el libro reconoce que se hizo adicta al Xanax durante su noviazgo con el cantante John Mayer, a pesar de que él le advertía que era dañino para su salud. De ahí, su acercamiento con la bebida fue mucho más intenso.


Aunque en 2014 encontró la estabilidad junto al exjugador de futbol Eric Johnson, su actual esposo, su estado emocional no estaba del todo bien. Sin embargo, han pasado ya cuatro años de absoluta sobriedad y eso es digno de admiración de su parte pues se mostró más vulnerable que nunca con sus fans.


Jessica Simpson al descubierto
Al inicio de esta semana, Jessica Simpson posteó una foto ‘al natural’ en sus redes sociales. La imagen retrata el momento exacto en que ella dejó de reconocerse y aceptaba su fracaso en la lucha contra sus adicciones. Prácticamente fue su ‘peor momento’ pero sirvió para hacer un alto definitivo en su vida y dejar atrás esta parte que la estaba consumiendo sin control.
«Esta persona, en la madrugada del 1 de noviembre de 2017, es una versión irreconocible de mí misma. Tenía mucho autodescubrimiento por desbloquear y explorar. En ese momento sabía que yo me permitiría recuperar mi luz, mostrar la victoria sobre mi batalla interna de autorespeto y desafiar este mundo con una claridad penetrante», confesó la intérprete de 41 años.
«Para hacer eso necesitaba dejar de beber alcohol, porque mi mente y mi corazón estaban dando vueltas en la misma dirección y sinceramente, estaba exhausta. Quería sentir el dolor para poder llevarlo como una insignia de honor. Quería vivir como lo hace un líder y romper los ciclos para avanzar, sin mirar atrás con pesar y remordimiento por las elecciones que hice o que iba a hacer en este hermoso mundo».
Lo aplaudible para Jessica es reconocer su falta, mostrarse vulnerable y sobre todo, hablar abiertamente de algo que por fortuna ya quedó atrás. «¡No puedo creer que hayan pasado cuatro años! Se siente como si hubieran sido tal vez dos. Creo que eso es algo bueno. Hay mucho estigma en torno a la palabra alcoholismo o la etiqueta de alcohólico». Y es que quien sufre una adicción sabe que el camino para la liberación no es precisamente algo sencillo. Pasar por sentimientos como ‘fracaso’, ‘dolor’, ‘autosabotaje’ es fuerte de soportar. «La bebida no era el problema. Yo lo era. No me amaba a mí misma. No respeté mi propio poder. Hoy sí lo hago», admitió la también actriz.
Jessica reflexionó sobre su propio camino de entendimiento, amor propio y aceptación. Ha sido un trabajo de observar sus miedos, abrazarlos y ser lo suficientemente valiente para combatirlos. «Soy dueña de mi poder personal con valentía conmovedora. Tremendamente honesta y cómodamente abierta. Soy libre.», concluyó Simpson frente a esa imagen de ella sin maquillaje y en pants rosas.


Quizá esté de sobra pensar por qué lo hace, sino más bien aplaudir su decisión. Jessica Simpson es ahora una dedicada madre de familia que supo poner en orden sus prioridades. Sus hijos Birdie Mae, de dos años, Maxwell Drew, de nueve, y Ace Knute, de ocho, son su mayor motor y no quería darles un ejemplo erróneo de la vida. Sin embargo, con esta aceptación de uno de los problemas que pudo terminar con su vida, prefiere ser honesta con ellos al demostrarle los contratiempos de la vida. ¡Bien por ella!
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