Wenceslao Moreno es un médico argentino que día a día da lo mejor de sí para poder ayudar y ser un ejemplo de que nada es imposible.
A temprana edad, «Wenchy», como le apodan de cariño, fue diagnosticado con parálisis cerebral, hecho por el que ha enfrentado barreras físicas y sociales, pero el cual ha demostrado su excepcional historia de resiliencia.
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Wenceslao Moreno comparte su superación ante la vida
En una entrevista con el diario español 20minutos.es, Moreno relata su constante instinto de superación ante las pruebas de la vida, así como su vocación por la medicina.
«Mi infancia fue bastante complicada en muchos aspectos. Cuando nací, mi familia no tenía un pronóstico claro sobre mi futuro. Tuve un parto difícil, con falta de oxígeno, lo que me causó daño cerebral y, como secuela, tengo movimientos involuntarios en los brazos», cuenta Wenceslao Moreno.
El argentino relató que atravesó por varias cirugías, la más importante fue una rotación de ambas caderas para poder caminar.

«Estuve un mes y medio en cama con un yeso desde el ombligo hasta los talones. Además, tenía que compaginar la rehabilitación con la escuela. No tenía un currículo adaptado en contenido, pero sí en accesibilidad: no podía escribir, así que todo lo hacía de forma oral».
Aseguró que su infancia fue normal, aunque sintió diferencia con algunas personas.
«No sufrí acoso escolar de forma constante, pero sí hubo momentos difíciles en los que me di cuenta de que la discapacidad marca una diferencia a ojos de los demás».
El apoyo de su familia
«Wenchy» afirmó que en todo momento ha sido apoyado por su familia, la cual lo alentó a superarse y a tratar de hacer las cosas por sí solo.
«Siempre me sentí apoyado por mi familia. Desde pequeño me alentaron a hacer las cosas, a veces solo, otras con asistencia, pero siempre me motivaron a intentarlo».
«Cuando tenía 12 años, nos mudamos. Fue un cambio radical: nueva ciudad, nuevos amigos y un nuevo entorno. En ese momento decidí hacer artes marciales, taekwondo, y llegué a ser cinturón negro», recordó.
La decisión de estudiar medicina
Su decisión de estudiar medicina le vino de un consejo de una amiga, pues a él le llamaba la atención la biología, pero cuando investigó sobre la neurología quedó fascinado.
«El cerebro es un órgano complejo y misterioso. Cuando leí sobre él, supe que quería dedicarme a entenderlo. Durante mi residencia, tuve que competir para entrar en neurología porque no había cupos y, en un primer intento, terminé en clínica médica. Pero yo sabía que quería ser neurólogo, así que volví a intentarlo y conseguí mi plaza».
El reto en la facultad
Debido a sus limitaciones motoras, el escribir no era opción para Wenceslao por lo que sus compañeros lo apoyaban con sus apuntes.
A medida que avanzaba en la carrera, surgían nuevas dudas.
«Por ejemplo, cuando llegué al tercer año, me pregunté: ‘¿Cómo voy a atender a los pacientes sin poder escribir? ¿Cómo reaccionarán ellos al ver a un médico con discapacidad?’. Incluso llegué a pensar que podría haber pacientes que no quisieran ser atendidos por mí».

Aunque tuvo momentos de duda y quiso abandonar sus estudios, el amor por su carrera no le hizo abandonar su sueño a «Wenchy»
«Hubo momentos en los que quise abandonar. Dos veces estuve a punto de dejar la carrera, pero no tenía un plan B. Mi amor por la medicina siempre fue más fuerte que las dudas».
En la facultad, algunos profesores le dijeron que no iba a poder ejercer, situación que le afectó, pero que logró demostrar que estaban equivocados.
«Cuando lo logré sentí satisfacción personal, pero también quise demostrarles que estaban equivocados, no por venganza, sino para que no desalienten a otros estudiantes con discapacidad».
Fan de los deportes
Más que una actividad, el deporte es un eje de vida para el joven argentino. Ha practicado artes marciales y montañismo, disciplinas que ha aplicado a su vida misma.
«Las artes marciales y el montañismo me enseñaron a perseverar, a entender que siempre habrá dificultades, pero que el objetivo sigue estando ahí. En la montaña, por ejemplo, puedes estar a punto de llegar a la cima, pero el clima cambia, hay desprendimientos, y a veces debes retroceder y volver a intentarlo. Eso es un reflejo de la vida: se trata de adaptación, esfuerzo y resiliencia».
Actualmente, el doctor Wenceslao Moreno es un ejemplo de superación y su condición le permite asegurar que a la discapacidad hay que dejar de verla como algo excepcional o como algo que hay que esconder.

«Hay que atreverse a interactuar, a incluir, a cometer errores y aprender. Y, sobre todo, entender que la discapacidad no define el valor de una persona. Todos tenemos limitaciones en algo, pero eso no nos hace menos capaces de lograr nuestras metas».
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