El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, falleció el 9 de abril a los 99 años de edad. Hoy, se le dio el último adiós en un solemne y emotivo funeral que él mismo planeó con lujo de detalle.


Con la puntualidad que caracteriza a los londinenses, los preparativos para su despedida comenzaron desde muy temprano. Las distintas armadas militares se fueron colocando en sus respectivas formaciones al unísono y con movimientos precisos. Felipe deseaba que su funeral fuera familiar y así fue.


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Desde las 2:35 pm, horario de Londres, los miembros de la realeza comenzaron a ocupar sus lugares en Windsor para el último adiós al príncipe Felipe. En punto de las 2:44pm, la reina Isabel II cruzó la puerta del soberano mientras se escuchaba el Himno Nacional. A las 2:45 pm, con diminutos cañones de The King’s Troop Royal Horse Artillery, comenzó la procesión detrás del cuerpo de Felipe que duraría ocho minutos hacia la capilla de St. George.


El cortejo que siguió el féretro del príncipe estuvo compuesto por nueve miembros de la realeza. Los príncipes Carlos, Ana, Andrés y Eduardo, los cuatro hijos de la reina. Atrás de ellos caminaron sus nietos: William, Peter Phillips, hijo de Ana, y Harry. Al final, Timothy Laurence, esposo de la princesa Ana, y David Armstrong-Jones, II conde de Snowdon, hijo de la difunta princesa Margarita, hermana de Isabel II.




Con absoluta solemnidad y visiblemente afectados, el cortejo caminó detrás de la Land Rover, la misma que Felipe de Edimburgo diseñó hace poco más de diez años especialmente para transportar su féretro. Dicho ataúd fue construido hace 30 años al mismo tiempo que el de su Majestad. Está hecho de roble inglés y revestido con plomo.




A su llegada a la puerta oeste de la capilla de St. George, el cuerpo del príncipe Felipe fue recibido por otra orden militar. Todas querían participar en este día tan especial para rendir homenaje al hombre que siempre los apoyó y enalteció el deber que cada tropa militar ha realizado por su país.


Tras un minuto de completo silencio en símbolo de la vida de Felipe, el ataúd entró a la capilla en la que ya se encontraban los miembros de familia invitados a este evento. En total fueron 30 las personas que entraron a St. George. Si bien la mayoría formaba parte de la realeza británica, una de las peticiones del príncipe Felipe para este día fue que sus parientes alemanes estuvieran presentes.
Una de las imágenes más emblemáticas dentro de la capilla, fue ver por primera vez a la reina Isabel II ocupando un lugar en solitario.


A continuación, el arzobispo de Canterbury daría la bendición después de que el ataúd había sido bajado a la bóveda real. El servicio duró 50 minutos y posterior a esto, los invitados salieron detrás de la Soberana rumbo al castillo de Windsor.


Tal y como la reina deseaba, el funeral se llevó a cabo en paz y cada uno de los presentes rindió tributo a la vida de Felipe dejando atrás las diferencias y escándalos en los que se ha visto envuelta la familia.







