No solo los influencers han encontrado en las redes sociales una plataforma para darse a conocer y mantenerse vigentes, también algunos miembros de alguna monarquía no reinante como Serbia y Rusia han encontrado un gran escaparate para estar en tendencia.
Haber formado o haber sido integrante de alguna Casa Real es motivo suficiente para levantar interés entre la audiencia. Por el simple hecho de saber que corre ‘sangre azul’ sobre sus venas, los integrantes de estas dinastías se vuelven personajes atractivos.
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La familia Karađorđević de Serbia se muestra orgullosa de su legado
En enero próximo, Felipe de Yugoslavia cumplirá 44 años. Junto a su esposa Danica ha formado una familia a lado de sus hijos, el príncipe Stefan y la princesa Marija.
Él es el heredero de la Casa Real de Serbia y con 43 años divide su tiempo entre actividades oficiales, eventos culturales y pasatiempos en familia.
Pero él no sólo es el único personaje que resulta atractivo en su país pese a ser integrante de una monarquía no reinante. Su esposa Danica, con quien se casó en 2017 le hace la competencia. Cercana y llena de espontaneidad y mucha naturalidad, la princesa se ha sabido ganar el cariño de su pueblo.


Los Romanov de Rusia, otra monarquía no reinante que compite en el mundo digital
Más al este de Serbia, a unos mil 800 kilómetros se localiza Rusia. Ahí la familia Romanov ha hecho de las redes sociales el mejor escaparate para mantener su vigencia y atractivo.
El claro ejemplo lo da el Gran Duque. A través de sus redes sociales comparte un vistazo de su día a día, sin restarle valor a su legado dinástico.
Entre sus actividades que comparte están desde actos protocolarias hasta visitas humanitarias. Al igual que Felipe de Serbia, el duque Vladimir cuenta a su lado con su esposa con quien hace una gran mancuerna.
Victoria Romanovna derrocha elegancia, aunque ello no impide que conecte a la perfección con la audiencia, al contrario, la hace aún más atractiva.
Manuel Filiberto de Saboya, el favorito de la prensa rosa internacional
Cuando Italia se convirtió en república, la familia real dejó de tener un peso relevante en la política. El cambio de estatus no resultó un retroceso, al contrario, fue el impulso necesario que requerían para reinventarse.
Filiberto de Saboya es el claro ejemplo. A través de los años ha preservado el nombre de la dinastía a la que pertenece. Además de su gran atractivo físico, ha aprovechado los reflectores para mantener vigente a la Casa de Saboya como tema de conversación.
Además de sus proyectos personales, Manuel Filiberto comparte uno que otro evento social al que acude y, por supuesto, comparte el legado de su dinastía. Punto y aparte su reciente relación con la mexicana Adriana Abascal que aumenta su encanto y magnetismo.
De esta manera, las monarquías no reinantes son prueba de que más allá de los títulos reales oficiales, con una buena estrategia de marketing se puede seguir estando vigente y entre los personajes favoritos del público.


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