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¿Cómo saber si tienes asuntos inconclusos?

¿Cómo saber si tienes asuntos inconclusos?

Quizás la primera vez que oí hablar de los asuntos inconclusos o Gestalts inconclusas fue a través de los libros del médico neuropsiquiatra y psicoanalista Fritz Perls, quien junto con su esposa Laura fueron los creadores de la terapia Gestalt.

Una de las principales fuentes de malestar psicológico en la gente la producen los “Asuntos inconclusos”. Aparecen cuando una persona se siente dolida, enojada o resentida hacia otra persona y no encuentra la forma de resolver estos sentimientos.

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¿Qué son los asuntos inconclusos?

Los asuntos inconclusos son básicamente producto de situaciones pasadas en donde no pudimos expresar libremente lo que sentimos, lo que pensábamos o en donde no se nos permitió actuar como hubiéramos deseado.

Otra forma en que se generan los asuntos inconclusos consiste en la sensación de insatisfacción con la forma en que se dieron las cosas en algún momento de nuestra vida.

Nosotros mismos o alguna otra persona sintió o actuó de un modo que simplemente no podemos terminar de aceptar: rumiamos interminablemente con los hechos, imaginamos otro desenlace, nos culpamos a nosotros mismo o a la otra persona.

Esa situación, entonces, puede haber quedado inconclusa. Surgió en nosotros un impulso, se generó una energía que no fue dedicada a su propósito original, sino que se acumuló en nuestro cuerpo, generando tensiones físicas, emocionales y mentales.

¿Cómo podemos saber si tenemos asuntos inconclusos de importancia?

  • Tenemos fantasías persistentes respecto a personas o situaciones que vivimos en el pasado.
  • Mantenemos “diálogos” internos con otras personas.
  • Sueños en los que volvemos a vivir alguna situación.
  • Sentimos rencor, tristeza o coraje con respecto a la forma en como se dio algún hecho del pasado.
  • Si nos encontramos con alguna persona y experimentamos una mezcla de incomodidad, tensión o sensación de “tener algo pendiente” con ella.
  • Cuando nuestro cuerpo, que es el más fino sensor de lo que nos pasa, tiene una sensación de inquietud o malestar al recordar a alguien.
  • En toda situación en que no estemos con todos nuestros sentidos atentos a lo que está ocurriendo en nosotros y nuestro entorno, lo más probable es que nuestra atención y energía se haya deslizado hacia alguno de estos asuntos pendientes.

¿Qué pasa si tenemos un asunto inconcluso?

Un asunto inconcluso implica, muy concretamente, una gran cantidad de energía que gira y gira en el interior de nuestro sistema, contaminándolo y enfermándolo.

En el último disco de John Lennon, Double Fantasy hay una canción en la que dice: La vida es lo que ocurre mientras estas ocupado haciendo otros planes. Eso ilustra el efecto más cotidiano: no estamos en lo que estamos.

La tan popular frase “vivir en el aquí y ahora”, más allá de haberse convertido en slogan, apunta a no tener asuntos que nos distraigan  y de estar enteramente atentos a lo que está sucediendo en este lugar y en este momento.

Las situaciones inconclusas nos quitan energía. Nos mantienen en la melancolía, en la indefinición y en una falta de compromiso con aquello con lo que estamos experimentando aquí, ahora en el presente, hoy.

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¿Cómo se cierran los asuntos inconclusos?

Si descubrimos la existencia de un asunto inconcluso, para empezar, no importa el tiempo transcurrido. A veces podemos sentir que es absurdo estar aún pensando en algo que ocurrió mucho tiempo atrás. Si la situación no ha sido concluida saludablemente, pueden pasar muchos años sin que la inquietud interna se apacigüe.

Si contactamos con la emoción que quedó atascada, podemos buscar una forma de darle curso: quizás llorar, quizás gritar, quizás golpear un cojín o una almohada, quizás descargarse escribiendo lo que nos ocurre, quizás contárselo a  un amigo, o a alguien en quien confiamos, o acudir con un terapeuta.

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Intentar cerrar una situación inconclusa requiere de cierto grado de valentía. No es fácil enfrentar o revivir una situación dolorosa, desagradable, sin tener claros los beneficios de hacerlo. Es comprensible que intentemos rehuir el asunto, que simulemos intentos de cumplir con la tarea, “salir del paso” y olvidarlo todo.

Solo si somos valientes y arriesgados o si el asunto inconcluso se ha vuelto intolerable, nos jugaremos el todo por el todo y nos abriremos a sentir todo lo que está atorado en nuestro interior.

Dejarnos sentir. Perdonar y perdonarme. Comprender que las cosas no siempre ocurren como lo deseamos. Aceptar lo ocurrido y dejar ir el episodio. Y solo entonces,  si ponemos absolutamente todo de nuestra parte hasta sentir en el cuerpo que el peso y la tensión se ha aliviado, el asunto se cerrará.

Instagram: @surayalotfe

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