Ayer, una amiga me comentó acerca del hashtag “como los hombres” en Twitter. El hashtag se trata de recrear frases, comportamientos y mensajes misóginos o de doble moral con los que hemos crecido y normalizado, y escribirlos desde el punto de vista de una mujer. Empecé a leerlos y te invito a que hagas lo mismo, te vas a sorprender de cuántos viven en tu archivero mental. Unos son tan absurdos que hasta risa dan. Risa de esa que al mismo tiempo indigna.
Crecí en una familia relativamente moderna donde tuve un papá muy presente. No sólo tenía la figura de proveedor, sino que también se encargaba de cambiar pañales, hacer hotcakes los fines de semana, y hasta me preparaba mi lunch cuando me quedaba a comer en la universidad (gracias, Pa). Los viernes, mi mamá se iba a tomar café con sus amigas y era mi papá quien nos recogía de las casas de nuestros amiguitos y entre semana de las clases de ballet o de futbol. En fin, mi papá hacía labores que yo veía que otros papás no hacían. Y tampoco veía a mi mamá dándole las gracias por cuidarnos, o por llevarnos; era un hecho que ese también era su papel. Además de todo esto, nunca he escuchado ni a mi mamá ni a mi papá decir comentarios misóginos u homofóbicos. Sin embargo, ayer mientras leía los tweets, me di cuenta de los miles de mensajes machistas que he normalizado y de la doble moral en la que también crecí. Nunca escuché a mi papá decirle a mis hermanos “Tiras como vieja”; pero puedo contar muchas situaciones donde oí frases como “Tu hermano sí porque es hombre”. Tengo dos hermanos y, sí, recibí un trato diferente a ellos. Seguramente las expectativas que tenían para ellos y para mí eran muy distintas. Y lo más triste es que en el fondo las expectativas que tenía para mí eran distintas también. Por ejemplo, me moría por tener la experiencia de vivir sola en el extranjero, pero ni siquiera consideré planteárselos porque ya sabía la respuesta. Pregúntenme si mis hermanos se fueron. Y, no, no les guardo rencor para nada. Así eran las cosas y su intención siempre fue buena.
Otro de los mensajes que se repite en los tweets es el de cuando violan o acosan a una mujer y los demás justifican la acción con comentarios como “se lo gana, mira cómo iba vestida”. Me acuerdo del discurso que me dio la miss de anatomía en prepa de cómo no me iban a respetar los niños si usaba la falda del uniforme tan corta (!!). Un día en su frustración de que su discurso me había entrado por una oreja y salido por la otra, me intentó bajar la falda con sus manos arrugadas y amargas. Esto fue hace más de veinte años, y hoy se siguen escuchando ese tipo de comentarios.
Nunca he sido feminista de esas que queman su brassiere o de las que viven eternamente enojadas con el mundo y en particular con aquellos del sexo opuesto. Es más, no soy feminista. Leer estos comentarios que plasman patrones machistas claro que me indigna y me frustra, pero también me inspira a sanarlos y a no repetirlos. Mi postura siempre es a favor del ser humano, sea cual sea su género. Mi postura no es desde un lugar de ignorancia, o de negación ante las miles de injusticias y diferencias que sufre día a día la mujer; es mas bien desde un lugar que mantiene la esperanza de que un día podamos reconocer las diferencias intrínsecas de cada sexo y celebrarlas, respetarlas sin ningún juicio.







