Estilo de vida

El climaterio: reflexiones desde esta etapa de la vida

El climaterio: reflexiones desde esta etapa de la vida
Noticias desde el climaterio

Son pocas. Aún no he llegado, pero ahí vamos como dicen mis amigos italianos, “piano-piano”,
entrando al climaterio, que puede durar muchos años.
Y digo piano-piano, porque como todo lo desconocido, da miedo, y en este caso, es como acercarse a las entrañas del infierno; puta madre los ataques de calor.

Vamos primero con la definición oficial:
El Climaterio es el período de transición en la vida de la mujer, entre la etapa reproductiva a la no reproductiva, este período se inicia aproximadamente cinco años antes de la menopausia y su duración es de 10 a 15 años.

A mí se me fue el tiempo de volada y he de contarles que la razón por la cual me sentía un tanto inmortal (ilusa), es porque cuando cumplí los 43, en mi visita ginecológica anual (aún viviendo en NY), tras hacerme varios análisis –requeridos en aquel momento– la doctora me anunció que tenía que cuidarme de no embarazarme de nuevo, pues aún tenia el sistema reproductivo de una mujer de 28 años.

Imagínense mi sonrisa de oreja a oreja, salí explotando de felicidad con mis pastillas anticonceptivas, sintiéndome la nalga, y sobre todo, una nalga de 28.

Y nuevamente pasó el tiempo.

Hace unos meses me sentía fuera de mi elemento, y en mi caso, estar fuera de mi elemento no es cosa fácil, pues acostumbrarme a estar en mi cuerpo, me tomó mucho tiempo. Mis ataques de ansiedad se pusieron más difíciles de controlar, mis niveles de paciencia bajaron a cero, mis insomnios se volvieron demenciales, me despertaba empapada y agitada, aventaba la piyama y me apuntaba el ventilador a la cara; y cuando lograba caer dormida, las pesadillas eran bestiales.

Amanecía cansada, me costaba mucho trabajo ir al ejercicio, y después de faltar, me ponía furiosa conmigo.
Mis demonios me perseguían día y noche.
Mi filtro desapareció por completo, comencé a decir todo lo que pensaba, todo de todo.
Mis enojos salieron a la luz, cada uno de ellos.

Y volaron cubiertos. Literalmente.

Y ya en ese punto fue donde dije, llegó la hora de hacerme ese examen hormonal, que vengo arrastrando hace meses. Fui al ginecólogo y me mando a hacer todos los exámenes pertinentes, mastografía, ultrasonido de senos, área pélvica, sangre…
Y dos días después, a través de un “puto voice note” el doctor me comparte:
“Todo bien con tus análisis, un pequeño desbalance hormonal, tómate la pastilla que te dije diariamente.Bye”

Bye. Me quedé con mil preguntas y me puse furiosa con él. Hombre tenía que ser, me cae.

Lo comenté con mi madre, quien a sus 80 está perfecta y me dijo: “Ya sabes que yo desde hace 40 años voy con las Engels”. Me acorde de mí, en esa sala de espera, en la clínica de Polanco, platicaba horas con las doctoras y al salir se compraba toda la tienda macrobiótica.

Pero la observé y le dije: “Hazme la cita ya por favor”.

Fui y me gustó. La doctora me explico con pelos y señales cada cosa, desde darme la terrible noticia de que ya no podré tener hijos. “Se acabo la etapa reproductiva…” Menos mal, dije yo. “Doctora, de por sí, a veces cuando veo a mi hijo menor, me siento la mamá vieja con carriola”

La doctora me vio una gota de sangre en el microscopio y ahí me explico glóbulo por glóbulo, me dijo qué alimentos consumir y cuáles evitar y me explico exactamente lo que me hace falta, todo el “que es que”, y el porqué.

Con las Engels, las hormonas que recibes son bioidénticas, todo es natural. En la tienda (ahí mismo) compras todo y en el estante está un libro de la dra. Christiane Northrup, quien era mi ídola hasta que se puso de anti-vaxxer.
Pero como yo no persigo artistas, ni genios con imperfecciones y faltas (un tema para otro día), reconozco que esa mujer sabe mucho de mujeres y sus cuerpos, y he leído dos de sus libros.
Cuando sacó Las diosas no envejecen –sólo por el título– “she had me at Hello”.

Northrup explica divinamente las cosas, tanto que cuando la lees sientes que te están leyendo el tarot:
“Durante este periodo el cerebro cambia, se recablea, desaparece el velo hormonal que te hace cuidar de las necesidades de todos (ser madre y esposa ante todo lo demás), y de pronto hay algo que te libera para ser solo mujer…”.

En los cuarentas y cincuentas las mujeres no hablaban de esto, pero es que sí existe un duelo “de lo que pudo haber sido y ya no será”, y en aquel momento de la historia, las mujeres lo vivían a pelo –se morían de depresión–, no entendían bien lo que sucedía. Y antes de eso, las mujeres se morían a los 40 años, así que ni se enteraban.

Pero ahora que nuestra expectativa de vida es mucho más larga (Dios quiera). Yo me compró la teoría de que las hormonas desapareciendo, nos ofrecen la oportunidad de ver todo con claridad, decidir nuevamente qué queremos quitar, y qué queremos agregar.
Todo ello, para poder vivir con plenitud absoluta la segunda mitad de nuestra vida. Como dice Northrup:
“El cerebro se enciende en la menopausia”

Y sí, yo me siento encendida. Nada menopaúsica (aún).
Pero algo confundida, aún no puedo reportar resultados, pero si estoy haciendo cambios, estoy observando qué quiero quitar, estoy tratando de agregar unos pendientes, y sin duda seguiré dándole, pues de verdad hay mucho por hacer.
Y ya no tendré hijos (fiu), pero el camino sigue largo, y si el universo me lo permite, yo lo pienso cabalgar.