Estilo de vida

La emoción de cruzar la meta; así se vivió la carrera de Lululemon

La emoción de cruzar la meta; así se vivió la carrera de Lululemon
Daniel Nigoa, Ximena Nigoa, Rafael Chazari Álvarez. (Fotos: Marco Vallejo)

En El mundo de Regina recibimos la invitación para formar parte de la carrera Lululemon y yo acepté la propuesta.

El gusto por el deporte llegó a mi vida después de los 25 años y a lo largo de este tiempo he probado distintas disciplinas, pero, sin duda, correr forma parte de mis favoritas.

Aunque tenía tiempo de no participar en una carrera formal, sí suelo salir a correr sobre las calles de Reforma, Polanco y la zona de Chapultepec para disfrutar por unas horas de la ciudad, así como lo hacen cientos de corredores que suelen hacer lo mismo todos los fines de semana.

Ahora, con la invitación extendida por parte de Lululemon, mi entrenamiento se volvió más que obligatorio para cumplir con el objetivo de la carrera: llegar a la meta.

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Lululemon, un gran anfitrión a la hora de correr

Para quienes nunca han tenido el privilegio de formar parte de una carrera, la experiencia debe vivirse al menos una vez en la vida.

La energía que se siente es única, tanto por los corredores emocionado, como por los familiares y amigos que acompañan a los atletas.

En el caso de la carrera de Lululemon, el entusiasmo se vivió desde la entrega de los kits en Artz Pedregal, donde todos los competidores nos reunimos por primera vez.

Ahí recogimos nuestra playera y hasta tuvimos oportunidad de customizarla para poderla lucir al día siguiente por la mañana.

Domingo en la mañana, llegó el gran día

Ya el domingo, desde antes de que saliera el sol, gente sola, acompañada, grupos de amigos, parejas y hasta familias completas fueron llegan al Auditorio Nacional, donde daría arranque esta gran competencia.

Como es ya habitual, cada uno a su estilo realizó su calentamiento para llegar a la meta sin lesiones.

El reloj seguía su paso y cada vez más personas iban llegando y se posicionaban en los puestos de salida.

Tras el tradicional conteo regresivo, se dio el pistolazo de salida con el primer grupo de competidores, mientras un mariachi amenizaba la mañana.

Finalmente, llegó mi turno de salida y emprendí el viaje de 10 kilómetros que me esperaban por delante.

La ruta de la carrera de Lululemon inició detrás del Auditorio Nacional, rodeó el Centro Cultural del Bosque hasta salir a Paseo de la Reforma.

De ahí nos incorporamos a Circuito Gandhi hasta volver a salir nuevamente a Reforma. Tras un trayecto recto de menos de un kilómetro nos metimos al Bosque de Chapultepec.

Después de cuatro kilómetros corriendo en Chapultepec, nos dirigimos hacia el complejo cultural Los Pinos, donde se marcó el cierre de la competencia.

El cruce de meta a la vista

Conforme nos íbamos acercando a la recta final, la música y los gritos de apoyo nos recibieron a los cientos de competidores que formamos parte de esta experiencia organizada por Lululemon.

Más allá del tiempo que se toma completar una carrera, la satisfacción de cruzar la meta es, quizá, el clímax de esta competencia.

Para muchos fue quizá su primera vez, para otros, ya han perdido la cuenta del número de carreras a las que se han inscrito, pero todos al final estábamos compartiendo el mismo objetivo: ponernos en movimiento y disfrutar del momento.

La recompensa vale la desvelada, todo el dolor y cansancio acumulado del recorrido, que desaparecen al momento de hacerte acreedor a tu medalla, que esta vez estuvo adornada por la silueta de un ajolote, que se ha convertido en símbolo de la Ciudad de México.

Tras algunos estiramientos, que fueron impartidos por Barre Studio, y de disfrutar de algunas bebidas energizantes, amenidades y del plátano que no puede faltar en ninguna carrera, El Mundo de Regina se hizo presente en este encuentro deportivo, esperando sean más a lo largo del año.

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