AGEING se escucha mejor que envejecer.
Y no es cosa fácil, ni en inglés ni en español.
Lo vemos con nuestros padres, antes con nuestros abuelos, y de pronto un día comienzas a darte cuenta de que te toca a ti.
Hace algunos años tuve mi último examen físico en NY, y me encontraron una bola en la garganta (era pequeña pero odio la palabra “bolita”).
El doctor Abrams que era una gran persona, se dio cuenta de mi enorme susto, fue la clásica historia de “eso no me pasa a mi” y de pronto llega la vida, y se caga de risa por tu ingenuidad. Pero él Doctor lidio con mi pánico y ansiedad – durante un mes – lo que tardó en hacerme exámenes, una biopsia y esperar resultados.
El peor escenario que me expuso (el Doctor), era el tener cáncer de tiroides, y pase todo ese mes llorando, abrazando a mis hijos de modo exagerado e investigando mi posible muerte.
Sufrí como nunca, y era tal mi malestar emocional, que el doctor me recomendó tomarme – lo que en ese momento fue – el primer anti-depresivo de mi vida,
(luego ya vinieron otros).
Al final no fue cáncer.
Fue una bola benigna.
Gracias a Dios.
Y el día que el Doctor me lo dijo, después de abrazarnos, le pregunté,
“¿Entonces qué carajos es?”
El me dijo,
“Nothing”
Yo,
“¿Cómo qué nothing?”
Me dijo,
“Estás entrando a una edad en la que van a salir bolas y/o cosas, muchas veces sin explicación, things may start to happen Sofia”
Y siguió con,
“Sofía (decía mucho mi nombre cuando me hablaba), tienes que aprender a manejar esos miedos y esas ansiedades, pues llegarán enfermedades, que ojalá no sean nunca graves, pero si lo son, hay que enfrentarlas con fortaleza y sábete que conforme crecemos, cosas salen, cosas suceden”
Creo que ese día de las “buenas noticias”, salí más deprimida y con más preguntas, que el día en que me encontraron la bola.
Pero con el tiempo he aprendido que todo lo que el Doctor Abrams me dijo, es verdad, pasan cosas, pequeñas también, que ya no lo son tanto, pues ahora una se enferma de gripa y siente que es una enfermedad mortal, el miedo a la muerte se acrecienta a la velocidad de la luz, pues ya se nos han muerto amigos, gente cercana, de nuestra misma generación, hay días que todavía amanezco y me pregunto, ¿a qué hora paso todo eso?
Y la realidad es que “ese crecer” da miedo, el cansarte más, el poder desvelarte menos, el no poder tomar de más, el deshidratarte y verte como cactus, la constante pérdida de las llaves, del celular, de la cartera; la distracción, la memoria entorpecida, la tolerancia disminuida y sobre todo, el miedo a no terminar de hacer – todo lo que tienes que hacer – en esta única vida que tenemos.
“Crecer” dicen algunas personas (más sabias que una), que significa salirte del viejo cascarón, para entrar en uno más grande – uno nuevo – pero claro, nada viene gratis, ni tampoco fácil, durante la salida del espacio apretado, donde ya no cabes, para caminar hacia uno más cómodo, es donde te encuentras con todo lo gacho, con la vulnerabilidad, con el enfrentamiento a quien realmente eres, a lo que queda de ti, a lo que realmente trasciende de esa mujer (u hombre).
El aceptar que estamos cambiando, creciendo, y que esa mujer que eras, es ahora una mujer de más años, y vivirlo contenta, con todas las bolas que aparezcan, las arrugas, el desgaste, y lo que venga, eso es el reto; sentirte satisfecha, sentirte bien en ese cuerpo.
Úrsula K Le Guin, la famosa autora feminista que escribía libros de ciencia ficción, escribió un ensayo, donde hablaba de envejecer, y lo hizo con mucha gracia y dignidad, tenía mucho sentido del humor cuando se burlaba del culto a la eterna juventud; ella decía que la “transformación del crecer” es angustiante, no por la pérdida de la belleza, sino por la perdida de la identidad.
Voy a dejar este fragmento de Le Guin en inglés, para no destrozarlo:
“One rule of the game, in most times and places, is that it’s the young who are beautiful. The beauty ideal is always a youthful one. This is partly simple realism. The young are beautiful. Whole lot of ’em. The older I get, the more clearly I see that and enjoy it.
For old people, beauty doesn’t come free with the hormones, the way it does for the young. It has to do with bones. It has to do with who the person is. More and more clearly it has to do with what shines through those gnarly faces and bodies.
“What shines through” lo que la gente alcanza a ver de ti, con eso me quede ayer, me lo recordó Tara Brach en mi meditación de las 6:30. Y en mi clase de sersana de las 7:10, Denise (mi teacher querida), me echó muchas porras durante todo el tiempo que duraron los cabrones circuitos, “Sofía muy bien”.
Me sentí lo máximo.
Y me sentí también sumamente presionada a no fallarle, hacer todo bien y en chinga, como las juveniles que me rodeaban.
Pero al final me detuve – con pesa en mano – a respirar, y me dijo, “¿que pasó?”
Respondí, “Ay ya me cansé, y me caga cansarme”
Me caga.
Me choca.
Aguantar menos que las de 25.
No quero cansarme y quiero aguantar más, pero también se que me falta todo el día – el que tengo delante de mi – tengo mucho trabajo, mucho que hacer, mucho que revisar, mucho que educar a mis dos bandidos, mucho que leer, mucho que pensar y mucho que escribir.
Y quizás, si logro todo eso,
lo que brille de mi (el shine through),
será lo que traigo adentro.
Veremos como nos va.
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