Empiezo este texto sin saber que voy a escribir, hay demasiadas cosas dando vueltas, pareciera que tengo un carrusel metido en la cabeza, demasiados pensamientos que vienen y se van, algunos se quedan.
He tenido mucho tiempo para pensar la cantidad de cosas que están pasando en el mundo. No soy experta en ninguno de esos temas, pero hay cosas que son muy obvias, que están ahí en frente de nuestras narices, estamos en guerra.
Miedo, frustración, ansiedad, desesperación, impotencia, preocupación, incertidumbre, nervio, hasta depresión en algunos casos, resentimiento, coraje, luchas sin nombre, agresiones injustificadas y un puñado de odio es a lo que huele el planeta.
Estamos en una guerra muy grande que de principio nos confronta con nosotros mismos, pero lo peor es que el enemigo principal es invisible y poderoso, un enemigo que está en todos lados acechando a sus víctimas, parece salido de una película de ciencia ficción.
Estamos en una guerra donde por primera vez los soldados no están vestidos con uniformes de camuflaje, esta vez los uniformes son batas azules, no hay cascos ni escudos, son caretas y tapabocas, una guerra donde las armas principales son una vacuna y una medicina que aún no existen. Una guerra donde los servicios de inteligencia de las primeras potencias del mundo, por primera vez no pueden hacer mucho. Una Guerra donde los aviones en lugar de transportar bombas y transportan insumos para tratar de salvar a los afectados por este enemigo imbatible que nos está dejando un sabor muy amargo, una mezcla entre desesperanza y derrota.
Las redes sociales han dejado de ser divertidas y se han vuelto un tanto nocivas, solo se ve sufrimiento, se leen reclamos, críticas algunas ciertas, pero no aceptadas, demasiada información que debemos procesar mientras libramos una batalla con nosotros mismos, con nuestro propio ser entre cuatro paredes, en un encierro que hasta ahora es la estrategia más efectiva contra el enemigo, escondidos igual que un ratón se esconde de un gato.
Pero también tenemos un cielo azul que voltear a ver, estrellas que por las noches nos gritan que seguimos existiendo y cuando volteo hacia arriba me doy cuenta de la inmensidad, una inmensidad que hoy se ve y se siente distinta, para unos más silenciosa y pacífica, para otros más aterradora.
El sol sigue brillando como siempre, la lluvia cae sin remordimiento, la música sigue sonando igual de alegre o melancólica que siempre, con los sentimientos y emociones que cada una de ellas nos provoca.
Esta es una guerra que creo que por primera vez todos los seres humanos deberíamos estar unidos, unidos todos contra un solo atacante que amenaza con aniquilarnos y, aun así, con tristeza veo que pesan mucho más otras cosas como el oportunismo, la venganza, la avaricia, la necedad y la ambición. Con este comportamiento no vamos a lograr nada y como en toda estrategia de ataque, aunque suene a cliché, divide y vencerás… y yo veo un mundo muy dividido.
Cambiemos el miedo por paz, la incertidumbre por esperanza, el odio por empatía y no dejemos que este invisible atacante nos mate emocionalmente para después apoderarse del resto.







