Así es, ya han pasado 20 años del estreno de Sex and the City y no lo podemos creer. Pero es un buen pretexto para recordar cómo es que esta serie de HBO se convirtió en todo un fenómeno de la televisión, sí, cuando todavía ni Netflix existía.
Si alguien le hubiera dicho a la escritora Candace Bushnell en 1993 que su pequeña columna, la misma que todos los viernes enviaba por fax a su editor en Los Ángeles, iba a marcar una pauta en la historia de la televisión y en la vida de millones de mujeres alrededor del mundo, no se lo hubiera creído.
Así surgió ‘Sex and the City’
En esa época, Candace había logrado cierta notoriedad como escritora en diversas publicaciones. A sus 34 años y con 300 dólares en la cartera, pensó seriamente en cambiar de rubro, pero una llamada cambio su vida. Su trabajo en una revista femenina ya no la satisfacía, ella quería hablar de temas sin tapujos y llegar al corazón de millones de mujeres solteras buscando lo mismo que ella: el amor.
Peter Kaplan se estrenaba como editor del New York Observer y le pidió a Candace, que ya escribía como colaboradora, que escribiera su propia columna y que hablara de todo: de sus amigas, de su estilo de vida, del día a día de una chica soltera en Nueva York, etc.
Candace se sintió feliz de saber que se estaba abriendo una nueva oportunidad para ella. Kaplan fue el que dio la idea del título de la columna: Sex and the City. Era un título que atraía al público, lo que no imaginaban es que también iban a atraer a productores de cine y televisión.
Lo que logró el éxito de SATC
No es necesario explicar que la manera en que Candace Bushnell se expresaba y las anécdotas que ahí contaba fueron lo que atrajo a todo aquel que se topaba semanalmente con su columna. Con un carisma genuino y una espontaneidad nata, Candace narraba sus peripecias, sus dudas, sus miedos, ella no escribía una columna, ella le contaba al mundo su historia, para contarla usaba un álter ego (el otro yo) que se encargaba de hablar de amigas, moda y sexo.
En 1997, las columnas de Candace -así como las de Carrie en la serie- fueron publicadas en un libro, el éxito para la autora, de entonces 39 años, comenzaba.
¿Quién dijo que no había vida después de los 40? Fue ese año en el que subió al cuarto escalón que el director y productor Michael Patrick King la contactó con una idea brillante: llevar a la pantalla chica su columna.
La idea era escribir un programa de televisión que le hablara a las mujeres de la manera que la columna la hacía. Sin dudarlo, Candace se puso a escribir y, tras una ardua búsqueda para conformar al elenco, encabezado por Sarah Jessica Parker, Sex and the City vio la luz el 6 de junio de 1998 y, a partir de ese momento, un fenómeno en tacones Manolo Blahnik cobró vida: Carrie Bradshaw.


Una serie que supo hablarles a las mujeres
Cuando uno ve Sex an the City siempre busca similitudes con todos los personajes. Todas hemos llorado con algún capítulo y tenemos siempre esa escena que podemos ver una y otra vez. También tenemos esa amiga a quien llamar a media noche o a primera hora en la mañana, un objeto fetiche qué desear, desde un bolso de Hermès o un par de Manolos. Siempre he pensado que lejos de ser una serie feminista donde se habló abiertamente por primera vez de sexo, es una serie que nos devuelve a las mujeres la confianza de querer alcanzar nuestros sueños. Ya sea ecribir para Vogue, cambiar de religión, ser madre o encontrar a esa alma gemela.
Carrie, Charlotte, Miranda y Samantha, las protagonistas, tienen un lugar especial en nuestros corazones. Miranda le dio a todas las profesionistas un empoderamiento jamás visto, jóvenes estudiantes de leyes veían a Miranda como ese modelo a seguir, la mujer autosuficiente e independiente.
Por su parte, Samantha le dio una lección al mundo masculino. Las mujeres también se pueden divertir y disfrutar sin remordimiento alguno, también vencen el cáncer. Charlotte, la eterna romántica, buscó el amor incansablemente, le dijo a las mujeres que no había ningún problema con tener a la familia como prioridad, le dijo al mundo en esta era feminista que ser ama de casa, esposa y madre puede ser también el trabajo ideal.
El impacto de Sex and the City más allá de la televisión
El movimiento social no era un movimiento feminista, sino femenino, mujeres de todo tipo podían identificase. Y, si hablamos de marcas, la industria de la moda fue una de las más favorecidas. Seguramente Manolo Blahnik recibió solicitudes para registrar mesas de regalos de boda, ya que no es necesario decirles que cada capítulo estaba escrito en alta costura.
Obviamente todos tenemos ese personaje masculino que nos robó el corazón, especialmente si fue novio de Carrie, y es que también nos enamoramos de Mr. Big, odiamos a Berger por romper con Carrie en un post-it y quisiéramos a tener a Stanford como conciencia.


La ciudad de Nueva York se puso de moda
Dirigida al público femenino, Sex and the City impactó en todos lados. Cambió el rumbo de las carreras de diseñadores de modas y ni hablar de la ciudad de Nueva York. Carrie fue el escaparate perfecto para que cadenas de restaurantes, discotecas y puntos turísticos de la Gran Manzana se convirtieran en el lugar de moda.
El departamento de Carrie, en Greenwich Village, es visitado por cientos de turistas que sueñan tomarse fotos en la fachada más famosa de la ciudad. Desde una tienda en la 5ta. Avenida hasta la legendaria Biblioteca Pública de Nueva York.


Siendo escritora y de cierta edad (30s), pueden entender que estoy en ese punto donde Carrie y la misma Candace bien podrían ser mi reflejo en el espejo en algunas áreas, especialmente en la profesional. Amo escribir, amo expresarme libremente, así como Carrie que, sin tapujos, puede narrar cómo un hombre le rompió el corazón. Y a mí, desde el corazón, me nace contarles historias, porque un escritor no vive para escribir, vive para ser leído.
Así fue Carrie, que marcó la vida de las personas mientras escribía la suya propia. Espero estén a punto de prepararse un Cosmopolitan y brindar a la salud de la serie que nos hizo salir en tacones en busca del verdadero amor.
Por: Eugenia Garavani







