He estado leyendo varios artículos acerca del home-school, pues estoy algo obsesionada con el tema. Así es que he leído acerca de algunas maneras de hacerlo y también opiniones diversas que van desde “cállate y chíngale” – hasta – “déjalo por la paz”. Pero yo la verdad de cualquier tema que contenga la palabra “paz”, aprendo muy poco. Y en este tema específico de – ser maestra de los hijos durante la cuarentena – que nos digan “que nos estemos en paz”, es absolutamente ridículo.
Entonces primero que nada diré que hoy más que nunca admiro profundamente a los maestros, de verdad no sé como le hacen, no sé como aguantan. Y ahorita a través de google (con todos los menores haciendo 20 preguntas a la vez), menos. Así que felicidades de todo corazón, para todos ustedes.
Pero entrando ya en el tema de nosotras, las mujeres que jamás nos preparamos para ser maestras, las que además jamás quisimos serlo, debido probablemente a que no teníamos el “don” de la pedagogía; ahí mi pregunta es:
¿Qué pedo con las escuelas?, ¿neta pensaban que los niños de 10 años iban a usar google classroom solitos?
Niños, tienen que entrar a un mail (no lo conocían ni lo tenían), tienen que bajar documentos en un drive (un concepto que ellos relacionan solo a coches), van a recibir sus tareas en un PDF y van a convertirlos a word (sin palabras), luego van a resolver la tarea ahí en el mismo documento (tecleando con un solo dedo en low speed), una vez resuelto, van a uploadear en el drive o en classroom chat o en el mail (porque además un día es de una manera, al siguiente día es de otra, y hoy quien sabe por donde).
¿Neta?
Para ese entonces – a mí por lo menos- ya se me escapó el hijo, salió corriendo como bandido, harto de escuela virtual, y ahora soy yo la que me despido de la Miss, después tengo que subir la tarea en el formato elegido del día. Esta batalla me quita media hora más. Ya son las 2:30 y estoy echando humo.
Odio la tecnología.
A las 3 pm.
Ya los odio a todos.
En este nuevo sistema-escolar, las mamás que trabajamos, más bien “trabajábamos”, porque este nuevo job description de abre, sube, mete, baja, resuelve y encima en mi caso, “estate sentado por amor de dios Diego y pon atención”, es un full-time-job
Y ayer fueron las divisiones.
Me tuve que sentar yo con cuaderno y lápiz a entender el nuevo modo de hacerlas, porque las que yo hacía, (que en realidad jamás supe hacer), eran distintas.
Entonces ahí con lápiz en mano estamos mi hijo y yo,
La miss dice, “Arranquen sus divisiones y quien lo necesite vaya a la cocina y ponga su tabla
del 23… o del número que corresponda… 47, 68…”
Yo dije,
¿que no eran sólo tablas del 1 al 10…?
No, me dice Diego. Y me lleva a la cocina.
La cocina resulta ser “moverte a la parte derecha de la página”, donde te pones a resolver la tabla correspondiente; es decir, multiplicar el número en cuestión por 1 hasta el 10. Así que ahí vamos D y yo a la cocina. 68 x 1, 68 x 2, 68 x 3…
Estamos camino al triunfo y arrancan las manitas de los niños genios,
“Yo ya lo hice Miss… yo ya lo hice también…”
La miss pregunta,
“¿cómo, así de rápido?
Y varios dicen,
“yo multiplique todo en la mente… yo también… y yo…”
Ella,
“Ay Pedrito, multiplicaste en la mente y tu también Fer y tú también Anita… bravo a todos, increíble trabajo”
Yo veo la cara de Diego, ojos pelones mirando su cuaderno, nosotros estábamos terminando la tabla en la mendiga cocina y nos faltaban la mitad de las divisiones. Me detengo y le digo,
«¿Quiénes son estos payasos tan mamones mi vida?»
Se ríe.
«Muy disque genios… Tú eres mejor…»
Nos abrazamos y nos escapamos de la clase virtual.
“Tú y yo, nos vamos de vuelta a la pinche cocina, a seguir con las tablas…”
Después de un rato acabamos las 8 divisiones de modo exitoso.
Aprendimos los dos a dividir.
Fuimos más lentos que los niños genios, pero ya sabemos como.
(Yo acabe atropelladísima y baje por una copa de vino).
(Bueno, dos).
Y la razón por la cual me dio por escribir un blog más (de la lista interminable de blogs acerca de la enseñanza virtual), es la siguiente, creo que más doloroso que ser mamás-maestras-ineptas como yo, es ver a tu hijo evidenciado frente a todos, con los temas que quizás no son su fuerte. Pues todos tenemos deficiencias, por lo menos los que somos humanos normales y no genios.
En la vida pre-covid, estas batallas con matemáticas sucederían en corto.
En la vida de ahora, “los que son menos capaces se van a la cocina…” mientras los niños genios reciben sus aplausos virtuales.
Ni madres. Si Diego se va a la cocina, yo me voy con él. Pero nadie del salón esta invitado.
Cada mañana veo llegar a todos peinados y bañados, goma en el pelo los varones y niñas con moños, sentados muy derechitos frente a la computadora, donde no veo ni una mano adulta cruzarse, ni un papá pasando por detrás a ayudarlos. Mentiría si dijera que no me he preguntado,
¿Todos los niños son genios menos el mío?
No.
Nomás no somos tan tecnológicos, Diego prefiere trepar árboles que jugar Nintendo, somos malísimos para matemáticas, somos malísimos para estarnos quietos, no nos gusta peinarnos en la mañana, y tenemos que armarnos en equipo (él y yo) para sobrellevar la escuela durante la pandemia.
Así es que si yo he de mantener la poca cordura que me queda, mi misión será que mi niño no salga inseguro de toda esta fregadera.
Y hoy es lunes.
Así es que más me vale respirar profundo.
Para ponernos a dividir en la cocina.







