El Grand Palais reabrió sus puertas para un acto solemne, casi cinematográfico: el desfile Haute Couture Otoño-Invierno 2025/26 de Chanel, el último orquestado por el equipo interno de la maison tras la salida de Virginie Viard, y justo antes de la llegada de Matthieu Blazy como nuevo director creativo.
Un desfile que fue más que una pasarela; fue un ritual de cierre y una promesa de renovación.
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Una elegancia heredada: Carlota Casiraghi, musa eterna de Chanel
En un mar de musas y embajadoras, Carlota Casiraghi brilló con luz propia. Vestida con un tailleur de minifalda en tono celeste, equilibró a la perfección la sofisticación con una frescura que solo alguien con el linaje Grimaldi puede proyectar sin esfuerzo.
El look inspirado en los clásicos de la maison, pero con un giro contemporáneo se completaba con un recogido desenfadado, mechones sueltos y un maquillaje apenas perceptible.
Carlota no necesita estridencias: su presencia es suficiente.
Penélope Cruz: blanco y negro con mirada al futuro
Keira Knightley volvió a mostrarse como la encarnación de un romanticismo británico atemporal, con un vestido de tweed negro y falda vaporosa.
Naomi Campbell, en gris Chanel de pies a cabeza, demostró que el tweed puede ser sinónimo de poder. Gracie Abrams y Lorde representaron la nueva generación de musas, con estilismos que alternaban el minimalismo con el misterio.
Y en un momento de ternura cinematográfica, Sofia Coppola llegó junto a sus hijas, Romy y Cosima Mars, vestidas en tonos pastel, como si se tratara de una escena perdida de Marie Antoinette en clave urbana.












Chanel mira al cuerpo y lo eleva a arte
La colección, sin necesidad de gritos, habló fuerte: tweed reinterpretado, estructuras arquitectónicas, siluetas que celebran el cuerpo como nuevo símbolo de lujo.
Tops que dejan ver el abdomen, chaquetas entreabiertas, faldas altas que tallan con precisión. Todo en una paleta sobria blancos, camel, gris perla y negro, donde el verdadero lujo está en los detalles: botones joya, bordados que solo se revelan de cerca y volúmenes que parecen esculpidos al milímetro.
Una despedida con poesía
Cada invitado recibió un cuadernillo marfil con croquis a mano y una rosa blanca, como si Chanel nos recordara que el lujo también está en lo simbólico.
Este desfile no solo cerró una etapa; anunció un nuevo capítulo cargado de expectativas. Con Blazy al mando, Chanel se prepara para adentrarse en un lenguaje más conceptual, más audaz, pero sin perder su esencia.
Y así, en medio de espejos, escaleras y flores, Chanel volvió a hacer lo que mejor sabe: contar historias eternas con hilos, botones y actitud.
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