Excéntrica, polifacética, congruente, ocurrente, genia, polémica y única son tan solo algunos de los adjetivos que bien podrían definir a Iris Apfel. La mujer que se convirtió en ícono murió a los 102 años de edad dejando un legado lleno de feminismo y lucha, que formará parte de la historia de la moda de por vida.
La diseñadora neoyorkina conquistó al mundo casi de manera accidental por su audacia y sentido creativo. Siempre perfecta, colorida, sonriente y con gigantescas gafas, así será recordada por el mundo que hoy lamenta su partida.
Fue a través de su cuenta oficial en Instagram que se dio a conocer su muerte, al pie de una fotografía que bien describe su manera de ser: polifacética. Obvio está, con un look increíble que solo ella podía lucir de esa manera tan regia. Sin embargo, hasta el momento se desconocen las causas de su deceso.


Lo cierto es que un día antes había celebrado su ‘102 cumpleaños y medio’ y recurrió a sus redes para presumirlo. Pero Iris Apfel vivió una vida ‘muy bien vivida’. Originaria de Nueva York, desde siempre tuvo claro su objetivo: aprender de todo y hacer lo que más disfrutaba.
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Así fue la mágica vida de Iris Apfel
Iris Apfel nació el 29 de agosto de 1921 y tal parece que llegó a este mundo decidida a revolucionar el mundo de la moda. Y es que esta mujer siempre estuvo adelantada a su época. La magia creativa de Apfel inició en la Universidad de Winsconsin, donde se matriculó como estudiante de Arte. Pero culminó como historiadora del arte en la Universidad de Nueva York. Aunque su objetivo era la moda, el mundo editorial se cruzó en su camino y fue office girl en Women’s Wear Daily, una publicación de la industria del vestido en donde ella distribuía documentos entre los editores.
Del mundo editorial se encontró con la arquitectura y el diseño de interiores. En la época de la posguerra fue arquitecta de interiores para Eleanor Johnson, pionera de la decoración. Esta mujer rentaba o alquilaba propiedades que transformaba en espacios personalizados para una diva o un coronel retirado. Iris supo aprender al máximo cada uno de sus movimientos.


A finales de los 50 se lanzó a lo grande en el mundo del interiorismo, la arquitectura y las artes decorativas en solitario. Junto a su esposo Carl Apfel fundó la compañía de diseño textil Old World Weavers donde él vendía y ella llevaba la dirección creativa. Ambos buscaban textiles en los lugares menos convencionales para realizar diseños personalizados. Gracias a su gran calidad de trabajo y materiales se hicieron de importante clientela. No por nada su negocio duró 50 años y su portafolio incluía a personalidades como Greta Garbo o Estée Lauder. No cualquiera puede presumir que Iris fue la encargada de la decoración de la Casa Blanca durante nueve administraciones.
Iris, un ícono sin tanto esfuerzo
Pero en su camino estaba previsto que Iris Apfel destacaría en el mundo de la moda por sus atuendos irreverentes y llamativos. Eso sí, eran una mezcla de alta costura y siempre con bisutería gigante porque su lema era: ‘Más es más, menos es aburrido’. «Nunca he comulgado con la teoría de que menos es más. Eso no tiene sentido para mí», declaró en infinidad de entrevistas. De ahí que rápidamente destacara en el mundo de la moda porque además, su labial rojo brillante, su pelo corto (que después fue blanco) y sus lentes tan espectaculares y coloridos brillaron en los desfiles de moda a los que asistió.


Siempre segura de su estilo único, Iris Apfel nunca buscó ‘encajar’ en donde no cabía. «No soy guapa y nunca lo seré, pero no importa. Tengo algo mucho mejor: estilo», confesó la diseñadora. De ahí que ser un referente en el mundo de la moda fue meramente accidental.
«Nunca busqué ser un ícono y me convirtieron en uno. Fue un accidente mayor».
Iris Apfel para Fox News
Iris Apfel era imparable y por eso disfrutó al máximo cada evento, cada posteo en redes sociales, cada fotografía, cada reconocimiento y por supuesto, cada proyecto. Por años se reservó para el exclusivo circuito capaz de costear la decoración de lujosas mansiones en las Bahamas y propiedades de Nueva York. Fue una mujer visionaria que no tenía pensado retirarse a pesar de su edad. «Que llegue un número no significa que tengas que parar», aseguraba al ser cuestionada sobre su retiro.
Descanse en paz, Iris Apfel.
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