Al momento de escribir estas líneas, me encuentro en Washington Square Park reflexionando sobre lo que hemos vivido en los últimos seis meses. Este parque es un lugar muy especial para mí, pues durante un tiempo viví por esta zona y este parque se hizo habitual en mi cotidiano y en mis recorridos, además de la obvia importancia del parque para la ciudad de Nueva York.
Históricamente, se sabe que esta zona ha sido, desde siempre, un barrio bohemio que ha construido una gran comunidad de artistas, escritores e intelectuales. Ha sido el lugar habitual para el inicio de las marchas o manifestaciones, que llevan a que, con el tiempo, notemos cambios en el mundo.
Para mí, la ciudad de Nueva York es como un diamante que amplifica y embellece todo lo que uno piensa, tanto lo bueno como lo malo, lo que nos permite crecer y aprender.
Sin duda alguna, estos últimos meses vividos, han implicado muchos cambios drásticos que trajeron consigo nuevas y valiosas enseñanzas. Por ejemplo, uno de los momentos más emocionales y sensibles para mí, fue cuando, como muestra de agradecimiento a todos los doctores, todos salíamos a los balcones o a las ventanas de nuestros hogares a aplaudir para agradecerles todo lo que hicieron, y siguen haciendo, por todos nosotros.
Recuerdo que, siempre procuraba tomar una olla y una cuchara de madera para hacer más ruido. Ese momento de aplausos, era un momento para recordarnos que, hasta en los momentos más difíciles, estamos siempre todos apoyándonos los unos a los otros, y que, juntos podemos más.
Durante estas fechas de encierro, recuerdo salir de mi casa en las noches, caminar y ver el Empire State iluminado de rojo, las tiendas cerradas, nadie en la calle; algo irreal e inimaginable para la gran ciudad que es Nueva York. Hasta ese momento descubrí el andar en bicicleta por la ciudad, puesto que las calles estaban vacías, me era más fácil desplazarme, y fue así como pude subir a Central Park desde Washington Square Park. Tardaba apenas veinte minutos, y luego regresaba a la casa por la quinta avenida o Park Avenue. Esos recorridos me fascinaban, y me permitían disfrutar la arquitectura de la ciudad.


Además, quisiera señalar que esta semana es muy especial para la ciudad, puesto que tres grandes museos reabren sus puertas en los siguientes días:
- Museum of Modern Art – 27 de agosto.
- The Metropolitan Museum – 29 de agosto.
- Whitney Museum of American Art – 3 de septiembre
Asimismo, las galerías y los restaurantes comienzan, poco a poco a abrir sus puertas nuevamente.
Si hay algo que admiro de esta ciudad, entre sus múltiples virtudes, es su capacidad de seguir presente y de no vivir en el pasado, lo que nos motiva a salir adelante y evolucionar. Es decir, en cierta forma, su capacidad de resiliencia, lo que nos lleva inevitablemente a pensar en la nuestra. Si una ciudad como lo es Nueva York, centro financiero y cultural del mundo, no se dejó vencer por esta situación, ninguno de nosotros debería dejarse tampoco. Podemos levantarnos, así como lo hizo Nueva York. Nueva York ha comenzado, y por ella y por el amor que le tenemos es que debemos ayudarle también. ¿Cómo podemos ayudar? Simplemente consumiendo lo local, apoyando a los restaurantes, los museos, los pequeños negocios, las galerías, los parques, es decir, simplemente viviendo la ciudad, reintegrándola a nuestro cotidiano. Eso sí, recordando siempre ser responsables, no porque hayamos empezado a salir debemos olvidar ninguna medida de seguridad ni de sanidad, pues cuidándonos nosotros cuidaremos a los demás, a toda la ciudad, y por consecuencia, cuidamos nuestra vida y nuestro cotidiano.


Installation view of The Whitney’s Collection: Selections from 1900 to 1965 (Whitney Museum of American Art, New York, June 28, 2019- ). From left to right: Joan Mitchell, Hemlock, 1956; Edward Ruscha, Large Trademark with Eight Spotlights, 1962; Jay DeFeo, The Rose, 1958-1966. Photograph by Ron Amstutz.









