Les escribo desde 2020 donde las cosas eran muy diferentes a las que, quiero pensar, viven ahora.
En esos años pasaban cosas inimaginables y, lamentablemente, la mujer estaba en peligro por el simple hecho de ser mujer. La verdad es que al principio prefería no escribir o leer sobre el tema pues, diariamente salían noticias que me hacían sentir completamente vulnerable, insegura y en un estado de alerta ya que no sabia si la siguiente vez que saliera de casa, regresaría a ella.
Que locura, ¿cierto?
Imagínense vivir con temor y tomando precauciones para no ser violada o asesinada, aun sabiendo que el derecho a vivir es parejo o lo duro que fue darme cuenta que la realidad que vivía, algún día podría ser también su pan de cada día.
Comenzara por explicarles que el contexto en el que vivíamos era misógino y machista pero, no quiero generalizar porque la mayor parte de los hombros que me rodeaban eran amorosos, respetos, cuidaban y valoraban a las mujeres. Sin embargo, como país atravesamos una violencia tan grande que cada vez se normalizaba más quitarle la vida a una niña, arrancarla una hija a su madre y culparla por estar sola en la calle.
Más que un problema de género creo que nos enfrentábamos a una crisis del sistema en el que vivíamos. Para mi, como lo leí algún día, fue la inseguridad lo que realmente mató a todas esas mujeres, la incompetividad del gobierno que se negaba a ver lo innegable y la indiferencia de todos los que pudimos y no hicimos nada.
Como mujer, hija y su madre, lo único que espero es que hoy en día vivan un México mucho más libre y humano. Que usar falda no las ponga en desventaja cuando caminen por la calle. Que conozcan la palabra «feminicidio» por cultura no por caracterizar su realidad. Que su trabajo sea remunerado de la misma manera que la de su padre, novio, amigo o hermano. Que puedan tomar un Uber y no tengan que compartir la ruta.
Que se sientan seguras cuando salgan y no tengan que voltear a ver si alguien esta atrás de ustedes. Que el sistema las proteja y disfruten todos esos beneficios por los que algún día otras mujeres y hombres pelearon. Que su seguridad no dependa de la luz del día, ni el lugar dónde están.
Que avisar que están casa sea una atención, no obligación. Que puedan dejar a sus hijas en la escuela sin temor a no volver a verlas. Que lo que les cuento les suene tan desconocido que duden se realmente pasó. Que hayan aprendido que la mujer sin el hombre (y viceversa) no existiría y que el haber nacido mujer ya no sea motivo de lucha si no de dicha pura.







