Todos vivimos nuestra propia realidad en la que todo lo que pensamos es verdad para nosotros.
¿Qué tal te suena eso? Así que lo que es azul para ti, también lo es para otro, pero de diferente color de azul, según su perspectiva del mundo que vive.
Así que tú reaccionas de cierta manera con base a lo que hayas experimentado en tu vida, es por eso que para algunos los gatos son adorables y no pueden vivir sin ellos y tú les tienes terror, igual con los perros. Asimismo con las víboras y los ratones, porque no todo el mundo los odia.
Recuerdo cuando una vez me topé con una serpiente al lado de mi coche (cabe mencionar que vivo cerca de las montañas) y la traté de coger para alejarla de la llanta y no atropellarla, en menos de dos segundos ya estaba el guardia gritándome que no lo hiciera, que era muy venenosa. Le pregunté cómo sabía eso, y me contestó que porque de niño le había picado una.


¿Te das cuenta de las dos percepciones tan opuestas y ambas tan reales?
El señor tenía pánico a las víboras porque ya había vivido una experiencia trágica, y yo las veía con amor porque sólo las conocía en las tiendas de mascotas. ¿Cuál es la realidad verdadera? ¡Las dos! Cada quien experimenta el mundo con base a sus creencias pasadas.
Todos hacemos esto, es lo normal, por ello tenemos vivencias; sin embargo, empiezan a pasar situaciones desagradables cuando la realidad te trata de superar y no estás preparado para ello. Por eso surgen los grandes conflictos en la vida de una persona.


El momento en el que peleas con uñas y dientes por algo que tú piensas que es real contra otro que también defiende su punto de vista como verdad es cuando algo comienza a estar mal y luego algunas relaciones se fracturan o se quiebran.
Si vives un momento así, para que la realidad no te supere, sugiero que hagas el ejercicio de ponerte en los zapatos del otro para comprender por qué piensa así.
Esto no implica cambiar tu punto de vista, sino solo razonar y adquirir herramientas para seguir el curso normal de tu vida sin engancharte.


La única realidad real, valga la redundancia, es que como nuestras creencias limitantes, o no limitantes, son las que gobiernan nuestras percepciones y rigen nuestra ruta o mapa de vida, convierten nuestra verdad en subjetiva. Y cuando te das cuenta de esto, aprendes a lidiar con las realidades ajenas y a vivir, simplemente, en paz.
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