Estilo de vida

Un maestro llamado COVID-19

Un maestro llamado COVID-19
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¡Hola, queridos lectores! Mi nombre es Natalia Bernal, algunos me conocen a través de este blog como la administradora de @legendarylm. Pero esta vez no estoy aquí para hablarles de una de las cosas que más me apasiona que es Luis Miguel y su música. Estoy aquí por la hermosa invitación que me hizo El Mundo de Regina para contar mi experiencia después de haber padecido y superado la COVID-19, mi maestro.

Quizá te estés preguntado por qué el título o por qué me refiero a este virus como un maestro, si
por el contrario llegó a nuestras vidas a traer muerte, temor e incertidumbre.

El 2020 fue un año diferente e inesperado para todos. La pandemia del coronavirus llegó sin aviso y
se fue colando, rápido y letalmente en nuestras vidas, en nuestras casas, en nuestra sociedad y en
nuestras calles. 

Aunque nos afecta de manera completamente diferente, todos estamos conectados a través
de esta experiencia y realidad inevitable.

El diagnóstico de coronavirus

Cuando me diagnosticaron coronavirus no lo podía creer. Te paraliza un sentimiento de miedo y
culpa, te preguntas donde y cuando lo pudiste adquirir y el terror de no saber a quién más pude
exponer o contagiar, especialmente a mi familia, ¡es horrible!

Al mismo tiempo te pones nervioso por las historias de horror que se escuchan a diario. Estaba completamente estupefacta porque dije: ¿Cómo puede ser? 

Me cuide muy bien todo el año y soy una persona que siempre llevo un estilo de vida muy sana, todo esto no
concordaba con las características generales de los pacientes a los que afecta de forma muy grave la COVID-19. Y sin embargo, llevaba días sintiéndome muy mal.

Cómo inició todo

Los síntomas me comenzaron el 24 de diciembre. Primero empezó con un dolor insoportable de cabeza. Después, dolor en el cuerpo y congestión nasal, creí que se trataba de un simple resfriado o una sinusitis, aun con el panorama en contra, había una parte de mi cerebro que me decía: ¡No es el virus!

En cuestión de días perdí el olfato, y en cuestión de horas, me faltaba la respiración. Parecía
que había un mamut sobre mi pecho. El 30 de diciembre, me informan que había dado positivo a la
prueba COVID-19.

Tras recibir el diagnóstico, me entregan un kit de monitoreo y me enviaron a casa para recuperarme de forma ambulatoria y aislada. En medio de todo te alivia que no te dejaran hospitalizada.

Había gente peor que yo y que requerían atención hospitalaria. Con los días los síntomas van aumentando. No te provoca ni comer, ni pararte de tu cama. Me daba miedo dormir y no despertar.

Estuve varios días con ataques extremos de asfixia y otros días en los que empezaba a toser tanto que sentía que los pulmones me iban a explotar.

Así que insistía con la atención y/o monitoreo de telemedicina y me enloquecía porque el tiempo de respuesta no era inmediato… Era absolutamente aterrador.

Y pensaba: «si me voy, voy a estar sola en mi habitación, antes de que alguien se dé cuenta». También me invadía el temor y la idea de estar empeorando al extremo de tener que terminar internada en una UCI ¡Todo era aterrador!

Tuve mucha suerte, pero me dejó 15 días en cama. Más las secuelas y síntomas residuales que te quedan. Más allá de los efectos físicos, te quedan los efectos emocionales y psicológicos.

Afecta tanto tu cuerpo como tu mente. Todos los días con este virus eran diferentes. «Estar aislada completamente sola en una habitación por 15 días era muy extraño».

Por eso veo a la COVID-19 como un gran maestro, que llega a sacudir todo tu interior. Como siempre pasa en las situaciones límite, la pandemia está sacando a la luz los aspectos más positivos de las personas.

Mis peores días fueron del cuarto al décimo día del virus, sentía morir y fue justo ahí que algo dentro de mí
reaccionó, me acordé de mis bases y preparación en espiritualidad y bienestar. Que mi fuerza y protección vienen de Dios y que todas las respuestas se encuentran dentro de nosotros.

Cada uno tiene la capacidad de reforzar naturalmente su sistema inmunológico. Me repetía a mí misma lo
importante que era mantener un pensamiento positivo y conservar la calma para superar la
enfermedad.

Sin dejar de lado el tratamiento y las recomendaciones médicas, me puse a trabajar en elevar mis
pensamientos y la conexión entre mi mente y mi cuerpo. La eficacia de nuestro sistema inmunológico depende estrechamente de la calidad de nuestros pensamientos.

Tips para motivarte durante la enfermedad

Aquí comparto con ustedes algunos tips y actividades que me ayudaron a superar aquellos días de incertidumbre y que me dieron motivación:

Desconectarme para conectar

Lo primero que hice fue desconectarme de las noticias y distanciarme de la inmediatez de las redes sociales. No quiere decir estar desinformada, pero sí escoger la información que vas a consumir. Es tanta la avalancha de noticias que esto se vuelve agobiante y agotador, te llenas de preocupación, desconfianza y miedo. El miedo genera, más enfermedad, debilidad, ansiedad, sufrimiento, baja rápidamente las defensas y debilita tu sistema inmunológico.

Social Media Detox

Las redes sociales son geniales, nos permiten estar conectados con el mundo y con las personas que amamos. Es bueno de vez en cuando liberarte de ellas y retirarte por unos días, para los que nos dedicamos a generar contenido, experimentamos cierta dependencia y nos sentimos tecnológicamente fatigados, el aislamiento por COVID-19 era el momento propicio para hacerlo. Pude experimentar lo mucho que sirvió esos días, me ayudó a salir de ese ciclo de pensamientos negativos y de preocupación en el que estaba por mi malestar físico y por todo el trabajo pendiente que tenía y que nada podía hacer.

Mis +/- alcanzados fueron:

MÁS

Oración e introspección
Comunicación con mi familia (virtualmente)
Ideas
Lectura

MENOS
Ansiedad

Pensamientos negativos
Desveladas Innecesarias
Conexión a comentarios y contenido negativo

Oración y Meditación

La meditación y oración son bálsamos potentes para estos tiempos y días de incertidumbre que nos pueden ayudar a tener momentos de introspección y recogimiento, así como a desarrollar las habilidades que ya tenemos dentro de nosotros para sanar. Ambas formas pueden producir un estado de relajamiento profundo, optimismo y tranquilidad.

Respiración consiente

Esta técnica es la que más me ha servido. Unos minutos al día ayuda muchísimo a fortalecer los pulmones, se trata de centrar tu atención en el proceso de inhalar y exhalar aire. Consiste en volver más lentos los movimientos de respiración y comenzar a llenar los pulmones. La idea es inhalar sintiendo que el aire llega hasta el vientre en lugar de llegar solo a la parte superior del pecho. Los primeros días del virus era muy difícil, porque literal el aire no te entra, pero con el paso de los días se va sintiendo el beneficio, me ayudaba con música de relajación o de la naturaleza y visualizaba como el aire entraba y llenaba mis pulmones.

Practicar la gratitud

Aunque el panorama se presentaba menos que alentador, porque es en esas situaciones difíciles y especialmente en eso días cuando me sentía sola y ansiosa, el agradecimiento es una formula poderosa para ayudarnos y llevar nuestra mirada y atención a otras cosas. Basta con cerrar los ojos y reconocer aquellas bendiciones presentes en tu vida, el solo hecho de tener la oportunidad de abrir los ojos cada mañana, pensar en las personas que amas y te aman. Respirar profundo y sentir esa nueva respiración como una nueva oportunidad. 

Drenaje cerebral

Escribir para mí es un ejercicio terapéutico, ya es una práctica constante en mi vida, y en estos tiempos difíciles es muy importante tener momentos de reflexión e introspección. Escribiendo todo aquello que sentimos, tememos, pensamos y experimentamos. Plasmarlo en el papel nos ayuda a contemplar la situación desde una perspectiva diferente.

Pequeñas dosis de sol

Una de las recomendaciones es tomar sol durante 15 a 20 minutos, estando aislada en una habitación era imposible poder acceder a un balcón o terraza, ya que estas se encuentran en las zonas comunes de mi casa, lo que hice fue aprovechar como pude todo el sol que entraba por mi ventana. Me sentaba cómodamente, cerraba los ojos y sentía su presencia y como sus rayos entraban por todo mí ser. El sol ejerce numerosos efectos positivos sobre el organismo, ayuda a aumentar las defensas.

Playlists con mi música favorita

Son impresionantes los efectos curativos que tiene la música, relaja el corazón, reduce la tensión y
durante las crisis, actuaba como un sedante natural. Empezando por mi favorito de siempre Luis
Miguel y las emociones positivas que me provocan sus canciones y su voz, la música cristiana, el
jazz, bossa nova, la música de relajación y sonidos de la naturaleza fueron mis compañeros
permanentes.

Es difícil imaginar mi mundo sin música y más por esos días. Sabemos que estamos pasando por una realidad que es inevitable y que el aislamiento total, cuando sales positivo de COVID-19 es el acto de amor más grande que podemos tener tanto con nosotros mismos como con quienes nos rodean; pero aislamiento físico no es sinónimo de aislamiento personal y emocional.

Es vital que podamos aprovechar esta pausa que nos pone la vida, con esos momentos de calidad para sacar lo mejor de nosotros en esta experiencia, de aprender algo nuevo o generar cambios y trasformaciones necesarias.

La pandemia del coronavirus nos mostró que somos más vulnerables de lo que pensábamos, pero al mismo tiempo que podemos ser muy fuertes, que el control no existe, que no necesitamos tantas cosas y que lo valioso no tiene precio.

Es necesario cambiar la perspectiva y generar una nueva visión sobre la situación, reconocer que tenemos las herramientas dentro de nosotros mismos para sanarnos y fortalecernos.

#reginatelocuentamejor

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