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Maratón Thanksgiving-Reyes

Maratón Thanksgiving-Reyes

Thanksgiving – “Ten cuidado de confiar en alguien a quien no le guste el vino.” Karl Marx.

En un mundo repleto de fake news, con una pandemia trepidante y cubrebocas por doquier, la decisión sobre nuestra salud y la salud de los que nos rodean deberá de recaer al final en el individuo, pero sobre todo deberá basarse en el sentido común.

Traigo este tema a colación ya que estamos a tan solo unos días del “World Famoso” Maratón
Guadalupe-Reyes. Y es que se vuelve un tema recurrente entre amigos y familiares el debate si es que está bien o no el juntarse a celebrar estas fechas en esta época de frío, de influenza y de un COVID-19 que repunta día con día. Desde la óptica de este humilde gordinflón, el tema se resume simplemente en sentido común.

Este año no habrá eventos masivos, posadas multitudinarias en las cuales asistían los abuelos, tíos,nietos, novios y colados. Tampoco se realizarán las tradicionales fiestas de la oficina, donde se escuchaban los aburridos mensajes de navidad por parte de los altos directivos de la empresa y cada año más de un godín desvariaba haciendo de estas fiestas un gran evento para la mayoría de los asistentes y desgraciadamente para otros menos, simplemente conllevar la cruda moral al menos hasta el día de la Candelaria.

Creo que esta época debería de aprovecharse para dar gracias. Gracias por los que tenemos salud, por nuestras familias, amigos y conocidos que se encuentran con bien. Un gran ejemplo de esto es el día de Thanksgiving, el cual se festeja en los Estados Unidos el último jueves del mes de Noviembre.

Mas allá del significado que tiene para las familias de nuestro vecino país del norte, creo que este año se convirtió en un buen ejercicio para agradecer por estar con bien y por lo que ha significado para la mayoría de nosotros este año. Un día para dar gracias.

Por mi parte y en medio del repunte, de la segunda ola del COVID-19, o como lo quieran llamar, me tocó pasar este día de acción de gracias en Miami. Como ya es sabido, este es el día más importante de todo el año para las familias Estadounidenses independientemente de religión, credo o raza. Para muchas familias incluso, es el único día del año en el que se reúnen, conviven y dan gracias.

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Listo para celebrar el Thanksgiving

El jueves por mañana salía el vuelo y para mi sorpresa el viaducto Miguel Alemán ya se encontraba a vuelta de rueda. El Internacional Benito Juárez hasta el mismísimo cepillo de igual forma. Para mi fortuna, un día antes de mi salida me llegó un recordatorio divino vía email para hacer el check-in on- line. Como no iba a documentar los 3 trapos que llevaría para todo el fin de semana, lo hice de inmediato. Esto hizo que no perdiera el vuelo al día siguiente, ya que la cola para documentar en el aeropuerto estaba más larga que la del 12 de diciembre en la Villa.

Ya me había ahorrado bastante tiempo gracias a esta tarea, pero eso no impidió que no me reventara los tradicionales 30 minutos en la cola de inspección para poder pasar a la sala de espera, donde la gente se sigue tardando horas quitándose el cinturón, la sudadera, sacando la computadora, la cartera, etc., luego pasar por el arco metálico donde se nos vuelve a catear una vez más pero de manera aún más minuciosa.

A estas alturas del trance la gente ya se encuentra desesperada y en la histeria total. Ya que van tarde a sus vuelos y se vuelven por decir lo menos un tanto hostiles. A esta situación hay que aumentarle el uso del cubrebocas, el cual es sumamente molesto pero cabe aclarar que indispensable en estos tiempos de pandemia. Todo esto genera la tormenta perfecta para el malestar común.

Una complicadas reglas

Aún tenía unos cuantos minutos antes del abordaje por lo que me dirigí al lounge de American Express. Donde ahora tienes que hacer reservación con varios días de anticipación, como si se tratara de un restaurante de 3 estrellas Michelin. Después de otra media hora perdida, donde si te checaran un poco más a detalle podría entrar como queja denunciable de derechos humanos, por fin entré a un salón prácticamente vacío y un tanto futurista en cuanto a todas las medidas de higiene y salud que se tomaron, para poder pedir por fin un simple té verde. En fin, estas son las reglas hoy en día y al que no le guste que no salga de su casa.

En camino hacia la celebración

Al subir al avión, otra gran pesadilla. Ahora empiezan a abordar con la gente sentada en las últimas filas (como siempre debió de haber sido). Sin embargo los que van adelante y que pagan mucho más dinero por su asiento, al momento de subir al avión se encuentran con la sorpresa de que ya no hay lugar para su maletita de carry-on, ya que todas las personas que ya están dentro del avión ocuparon todo el espacio superior. Una vez más tensión, peleas y sombrerazos para acomodar las maletas.

Un detalle nuevo para mi sorpresa que ocurrió antes de abordar el avión fue el de nuestros queridos amigos del SAT, cateando a discreción como si no hubiera mañana. Ojo, ellos no estaban interesados por los 3 trapitos que llevaba su servidor. Me abrieron el portafolio, checaron mi cartera, chequeras y demás cosas personales buscando el premio mayor. Para su desgracia lo único que encontraron fue un boleto del metro de Nueva York del año ‘98 y 20 dólares doblados al mismísimo estilo de figura de origami. No pudieron obtener nada de mi persona. Pero seguramente no fue el mismo caso con los demás pasajeros del vuelo, los cuales traían cara de parto (con cubrebocas).

Por fin despegamos y lo único que te ofrecen durante el vuelo es un vaso con agua, unos cacahuates y una toallita para desinfectar. El avión no tenía ni para cargar el celular y mucho menos pantallas para ver una serie o película. Realmente un verdadero placer el viajar en esta época. Para mi sorpresa al aterrizar en Miami y esperar un gran tumulto por aquel transitado día, el aeropuerto parecía un cementerio.

Este es el día del año más transitado en el gabacho con los aeropuertos por lo general a tope, definitivamente no lo fue este año. En unos cuantos minutos me encontraba fuera del aeropuerto y dentro del Uber que me llevaría al hotel. Seguía sin poderme quitar el cubrebocas ya que dentro del vehículo tampoco te lo puedes remover pues de lo contrario te pueden bajar o reportar. Seguía mi pesadilla de viaje.

Mi llegada al hotel

Por fin llegué al hotel y la misma medicina. Ya en mi habitación lo primero que hice fue quitarme el bozal, aventarme en la cama para poder descansar un poco y respirar aire fresco por unos minutos. A continuación un masaje intenso de orejas para que no me quedaran a manera de Dumbo después de tantas horas de uso. Un buen bañito para quitar los posibles bichos que se me hubieran adherido durante el viaje y de ahí a la tan esperada cena.

La cena tradicional

La cena del Día de Gracias es por lo general muy tradicional, ésta incluye pavo, relleno de frutas y
vegetales, salsa de arándanos, puré de papas, gravy y pie de calabaza. Obviamente dependiendo de la casa, del gusto de los comensales y del presupuesto se pueden dar ciertos ajustes al menú.

Por mi parte la cena de este año fue variada y deliciosa. No faltó el tradicional pavo con relleno, gravy, arroz salvaje y en esta ocasión el puré fue de papa dulce, el cual es un auténtico manjar, también un poco de ensalada verde para los que no querían perder la línea. Eso si antes de pasar a la mesa dimos gracias por las bendiciones, por la salud y por la comida y a continuación pasamos a disfrutar de las delicias en medio de una interesante y agradable conversación.

Miami seguramente estaba a tope ese fin de semana, sin embargo en medio de la pandemia existía un sentimiento un tanto extraño. El viernes siguiente a esta emotiva fecha se da el tradicional Black Friday, en el cual en años pasados había literalmente trancazos al hacer largas filas durante la madrugada, para poder ser los primeros en entrar a las tiendas y encontrar las mejores ofertas. Este año eso no sucedió.

La gente compró on-line, no salió de sus casas y las calles se encontraban literalmente vacías. En las playas se sentía un poco más movimiento, seguramente porque al estar al aire libre la gente se siente un poco más segura, sin embargo incluso ahí podías observar a la mayoría de las personas siendo sumamente cautas.

Una cena con amigos

Esa noche fui a cenar con unos buenos amigos que están viviendo allá y me platicaron que fue
sumamente complicado el conseguir la reservación ya que los restaurantes están operando solamente al 50% de su capacidad y están completamente saturados. Nosotros decidimos cenar Al Fresco, como dicen los gabachos o como decimos nosotros al aire libre. El lugar se llama Leku y es un restaurante de comida Vasca el cual se encuentra ubicado dentro del Museo Rubell, donde se encuentra una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más grandes de Norte América.

Una espectacular cena, la cual me sorprendió por lo sofisticado de cada plato y su extraordinario sabor.

Pedimos a manera de botanita una ensaladilla rusa con carpaccio de gamba y salicornia, así como
también un tartar de remolacha, el cual estaba espectacular. La recomendación del día eran las navajas, así que no dudamos en pedirlas, seguido de un extraordinario arroz de setas a las brasas con un poco de trufa que te sirven directo en la mesa; definitivamente uno de mis platos favoritos de la noche. Cómo platos fuertes ordenamos el carré de cordero a baja temperatura y la lubina con emulsión de bilbaína. Una vez más los dos estaban de vuelta al ruedo, ingredientes sumamente delicados pero con sabores que explotaban en el paladar. Como postre y por aquello de la gula, decidimos pedir otro arroz, esta vez el de mariscos a las brasas. Para el postre de verdad y simplemente para seguir pecando, pedimos un soufflé de chocolate al cual la verdad ya no pude llegar.

Para pasar la cena no podíamos cambiar de latitudes

Por ello empezamos con un vino tinto español Clos Mogador, “Como tú” 2017, de Montsant, sin duda uno de los mejores vinos que me tomado estos últimos días. Equilibrado, suave y con mucho sabor, una verdadera joya. Debido a que era la última botella tuvimos que cambiar de tercio por un Contino Garnacha 2015 de la Rioja Alavesa. Bueno a secas y después del primer exponente se sentía a años luz de distancia.

Me pareció sumamente interesante su selección de vinos de postre, por lo que decidí probar una bebida de Tarragona, de Muller “Aureo” dulce añejo 1954. Un solera de garnacha de 1954, este es un licor fortificado con una nariz sumamente dulce y aromas de hierbas aromáticas y madera. En el paladar es suave con una dulzura muy agradable. Realmente una joyita de esas que puedes encuentras buscándole muy bien.

De regreso a CDMX una vez más caos total

Una desagradabilísima experiencia el llegar a la T2 del Benito Juárez. Un aeropuerto parchado, con rampas sobrepuestas, construcciones sin acabar, unos trabajadores soldando los carruseles de las maletas con turistas a su alrededor. Horas en que salgan las maletas ya que una vez más nuestros amigos del SAT checan las maletas antes de ponerlas en el carrusel y esta vez con la novedad de que todos tenían que poner sus maletas por las máquinas de rayos X para poder salir del aeropuerto, por lo que se forma otra cola de al menos 20 minutos.

Una vez afuera, de regreso al viaducto, el cual de nuevo se encontraba hasta el cepillo y eso que supuestamente estábamos a punto de entrar en semáforo rojo. Pero bueno es lo que nos tocó vivir y es una pena ver cómo el país se deteriora cada vez más día a día.

Esta semana arrancan para muchos de nosotros los convivios navideños, llámense posadas, fiestas, comidas o reuniones y parecería que no van a terminar nunca. Sin duda los convivios serán mucho más pequeños y con audiencias más reducidas, pero nadie quiere dejar de festejar, brindar o simplemente juntarse después de tantos meses de encierro. Por mi parte ya comenzó oficialmente el maratón para que no haya queja alguna.

Mi recomendación: tomen sus precauciones y cuídense, si no tienen a que salir no salgan y si salen disfruten de este tan emotivo evento que sin duda es duro, emotivo y difícil de sobrellevar.

No apto para gargantas aventureras y se recomienda haber hecho campamento de altura y ejercicios de calistenia con algunos meses de anterioridad antes de su inicio. Es más, somos varios quienes entrenamos todo el año para este tan singular evento y eso no nos garantiza obtener un buen resultado a su final.

@huey_tlacuali

#ReginaTeLoCuentaMejor