Montecarlo volvió a brillar como el epicentro del lujo europeo en la gran final el 13 de abril del torneo más glamuroso del calendario tenístico, en el que Charlène y el príncipe Alberto fueron los grandes anfitriones, sin embargo, la actitud evasiva de la princesa con su esposo no pasó desapercibida.
Desde su boda en 2011, los rumores de que su relación no era un «cuento de hadas» iniciaron. Incluso, muchos se refieren a ella como la «princesa triste» por llorar en pleno altar ante la mirada apenada de él, quien en lugar de consolarla, parecía incómodo.
Hasta el día de hoy, se dice que la exnadadora sudafricana intentó huir de Mónaco días antes de la boda, pero que le impidieron salir del país y fue «obligada» a casarse con el príncipe Alberto. Evidentemente, no es algo que la pareja real haya ni aceptado ni desmentido.
Lo que es un hecho es que su relación siempre ha estado bajo la lupa por dicho motivo, y cada que Charlène tiene una actitud indiferente o distante con su esposo, llama la atención. Como ahora durante el Másters de Montecarlo.
El Montecarlo Country Club, con su emblemática pista frente al mar, fue el escenario donde un año más el deporte, la realeza y el estilo se dieron cita en perfecta armonía.
Entre ovaciones, cámaras y miradas atentas, el joven español Carlos Alcaraz conquistó uno de los títulos más codiciados de su carrera, tras imponerse al italiano Lorenzo Musetti.
Pero la victoria del murciano fue solo una parte del espectáculo. Desde el palco de honor, el príncipe Alberto II de Mónaco y su esposa, la princesa Charlène, presidieron el encuentro con la sobriedad de la tradición monaguesca.




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Charlène se muestra incómoda y evasiva a lado del príncipe Alberto de Mónaco
Pese a los esfuerzos del príncipe por integrar a Charlène durante el evento, tal parece que la sudafricana siguen sin adaptarse a su vida como miembro más de la realeza, y eso que ya son casi 15 años desde su boda con el Alberto.
En todo momento, e incluso en las imágenes compartidas por las propias oficinas del Principado, Charlène lucía distante y evasiva con el príncipe Alberto.






Durante este día no hubo un solo intercambio de miradas o actitud cálida, ya ni decir cariñosa entre ellos. A ella, como en otros compromisos reales antes, parecía que incluso le costaba sonreír y, cuando lo hacía, era solo ligeramente.
En los últimos meses, parecía que ella se encontraba más feliz, al menos en las apariciones públicas se le notaba menos rígida y seria, pero nuevamente regresó su actitud inexpresiva.
Algo a lo que parece que Alberto ya está acostumbrado.
Las dudas sobre el matrimonio «real» entre Charlène y Alberto
Si bien ante el público lucen como una pareja normal que vive un matrimonio estable con dos hijos, los rumores de que ella nunca ha querido ser parte del Principado resurgen cada cierto tiempo. De ahí que cada movimiento de ella es analizado, buscando algún indicio que indique que no es feliz al lado de su esposo.
¡Cómo olvidar lo que pasó en 2021! Cuando en mayo Charlène se encontraba en Sudáfrica, en un viaje de unos días, y repentinamente fue ingresada al hospital. Pronto se supo que había contraído una grave infección de oído, nariz y garganta por la que iba a necesitar algunas cirugías. Sin embargo, la información sobre su enfermedad siempre fue muy escasa y ambigua.
Se dijo que su salud era delicada y por eso no podía viajar de regreso a Mónaco, pero que ella estaba desesperada por reencontrarse con sus hijos y su esposo. Lo más raro es que seis meses después, una vez de regreso en el Principado, surgió el rumor de que no llegó para instalarse junto a su familia, sino que estuvo en un Centro de Bienestar en Suiza para terminar su recuperación.


¿Charlène huyó de Mónaco?
Extraoficialmente, lo que se dice que «realmente pasó» es que Charlène huyó de Mónaco a su país natal después de años aguantando una vida que no quería. Aunque no es la única versión, otros creen que se sometió a una cirugía estética que salió mal y necesitó todo ese tiempo para reparar el error. Y otros creen que su salud mental estaba tan afectada por el estrés constante que vive por no poder adaptarse a su vida como princesa que tuvo un break down.
Durante su estancia en Sudáfrica, Alberto la visitó dos veces acompañado de sus hijos, Jacques y Gabriella. Se dice que estas visitas tenían como objetivo calmar los rumores de la crisis por la que supuestamente atravesaba el matrimonio en ese momento.
Claro, todo lo anterior son rumores que seguramente nunca serán confirmados, lo que es un hecho es que Charlène y Alberto de Mónaco nunca han sido un ejemplo de pareja ideal. Son raras las ocasiones en las que se les ve intercambiar algún gesto cariñoso entre sí, y en general lucen distantes. Aunque no hay que olvidar que otras parejas reales también cuidan no ser efusivos públicamente.
Alberto rindió homenaje a su prima, la baronesa Elizabeth-Ann de Massy en el Máster de Montecarlo
El torneo de tenis también estuvo marcado por un emotivo homenaje a la baronesa Elizabeth-Ann de Massy, prima del príncipe Alberto y presidenta histórica del club, fallecida en 2020.
En su honor, días antes de la final se rebautizó la pista número 2 como “Pista Elizabeth-Ann de Massy”. La ceremonia, liderada por Mélanie-Antoinette de Massy –hija de la baronesa y actual presidenta del club y de la federación monegasca de tenis–, fue un recordatorio del profundo vínculo entre la familia y este deporte.


Tres generaciones de mujeres han liderado con elegancia e inteligencia la organización de este torneo, que ha pasado de ser un evento local a una parada imprescindible del circuito ATP.
La ceremonia incluyó saludos a figuras como Novak Djokovic y Stefanos Tsitsipas, ambos residentes en el Principado, lo que confirma que Montecarlo no solo es un refugio para millonarios, sino también un hogar para campeones.
Con gradas llenas de Birkin bags, gafas de sol oversize, vestidos vaporosos y guiños al lujo discreto que define el chic europeo, el Másters de Montecarlo es mucho más que un evento deportivo: es una postal viva del lifestyle más exclusivo.
Entre break points y gestos cortesanos, el torneo nos recuerda que, en Mónaco, el deporte también se vive con linaje.
Y en esta edición, la elegancia no estuvo solo en el juego, sino en cada detalle: desde el blanco impoluto de Charlène, hasta el gesto solemne del príncipe Alberto al descubrir la placa con el nombre de su prima.
Una vez más, Montecarlo no decepcionó: tradición, familia, lujo y tenis. Todo, en una misma pista.
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