El pasado 3 de octubre se cumplieron 35 años de la muerte de Stefano Casiraghi, quien fuera esposo de la princesa Carolina de Mónaco.
El empresario italiano murió tras el impacto de su embarcación, la Pinot de Pinot, contra unas rocas durante una competencia náutica. Por lo aparatoso del accidente, el padre de Andrea, Charlotte y Pierre murió de manera instantanea.
Esta situación, sumió, como es entendible, en una profunda depresión a la princesa, que la obligó a alejarse de los reflectores y la vida principesca por una década.


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La pérdida de su privacidad y libertad de Stefano Casiraghi tras su relación con Carolina de Mónaco
Carolina conoció a Stefano Casiraghi por un amigo en común. Fue hasta un segundo encuentro casual, en el verano de 1983, donde finalmente se dio “un flechazo”, como él lo dijo.
Días previos a que acabara ese mismo año, la princesa y el empresario se casaron en una discreta ceremonia en el Salón de los Espejos del Palacio de Mónaco, con no más de 30 invitados.
Aunque pudo formalizar su relación con la hija de Rainiero y Grace Kelly, llevándose con él a una de las mujeres más admiradas del mundo, reconoció que también perdió, en esta caso «la libertad’.
“No puedo dar ni un paso”, llegó a decir a la revista Hola!, en una de las pocas entrevistas que concedió.
Aunque siempre procuró ser discreto, el esposo de Carolina habló públicamente ante la ola de información que giraba en torno a él, por “todo lo que se ha escrito sobre mí y sobre mi familia”, aclaró.
Según expresó, concedía una entrevista para tratar de echar por tierra la imagen que la prensa había creado de él.
“Primero, por mis padres, que están amargados; segundo, porque son italianos y aunque me he ido de Italia por motivos, digamos, de amor, me siento ligadísimo a mi patria y me disgusta aparecer en mi patria tan distinto de cómo soy. ¿Le parece justo?”, señaló.
El primer encuentro entre Carolina y Stefano
De acuerdo con el también deportista, conoció a la princesa por un amigo en común que los presentó.
“Un amigo mío francés me dijo: ‘¿Por qué no te vienes a Montecarlo? Te gustará’. Así que allí, una noche en casa de unos amigos, nos encontramos”.
Para el verano siguiente, ambos coincidieron en Cerdeña cuando viajaban cada uno por separado en lanchas diferentes.
«Al final del crucero se paró en Cerdeña, no quería seguir adelante… Por este motivo nos unimos a otras embarcaciones de amigos, puede que para aumentar nuestra seguridad puesto que nuestra embarcación hacía aguas por todos lados. En uno de estos barcos estaba Carolina”, relató.
Desde ese encuentro, la pareja pasó dos semanas juntos, lo que marcó el inicio de su relación. “Hubo la presentación a nuestros respectivos padres. El resto de la historia es ya del dominio público”.
La vida en rosa que vivió Stefano junto a la princesa
Aunque siempre se mostró enamorado de Carolina y contó con la aprobación de Rainiero y la familia de la princesa de Mónaco, reconoció Casiraghi que no fue fácil integrarse al núcleo principesco.
“Estaba enamorado y cuando se está en este estado de gracia se ve la vida de color rosa”. Pero todo cambio al casarse con la princesa Carolina.
“Cuando estabas acostumbrado a tu libertad y de repente no puedes dar un paso sin ser asediado por gente que se sirve de todos los medios lícitos o ilícitos, incluso de puñetazos y empujones, para hacer su trabajo, ¿qué debería hacer?
Stefano reconoció ser una persona discreta, incluso «normal» y «banal» en la intimidad de su hogar, por lo que el asedio de la prensa era una asignatura pendiente por aprobar en su vida.
«Yo soy bastante tímido. Así que cuando me encuentro perseguido por los teleobjetivos, por una reacción instintiva, bajo los ojos”.
Pese a ello, reconoció sentir un profundo amor por su esposa y madre de sus hijos.
“Carolina es muy cuidadosa y atenta a todo lo que me puede gustar, en las comidas que prefiero, los trajes que debo ponerme… Carolina es muy espontánea, muy inteligente, con un temperamento muy fuerte y una cultura que supera mucho la mía”, reconoció.
La vida «modesta» de Stefano Casiraghi
Acostumbrado a no dar entrevistas, durante sus primeros años juntos a la princesa Carolina la prensa ‘creó un personaje en torno a él.
Fue esto una de las razones que lo obligó a desmentir lo que se había dicho hasta entonces de él, comenzando por sus orígenes.
“Mis padres son de origen modesto -no me avergüenzo, todo lo contrario- con su esfuerzo han alcanzado el bienestar…”, reconoció.
Además confirmó que no buscaba vivir a costa de la princesa, pues para su suerte contaba con un emprendimiento en el que le iba bastante bien, «una pequeña impresa inmobiliaria, La Redim».
“Quizá querían ennoblecerme para ser digno de mi mujer. Le puedo decir que siempre he deseado la independencia desde el punto de vista económico”, señaló.
De acuerdo con Stefano, su negocio era modesto, pero exitoso, en el que trabajan apenas «un delineante, una secretaria y un despacho».
«Pero con este despacho y estos colaboradores, más la ayuda de los dos socios que tanto han estimado y tanto han contribuido a mi éxito, me he convertido, como dicen ustedes los periodistas, en un emprendedor empresario”, explicó.
El peligro latente de su afición a las competencias marítimas
Como si se tratara de un presagio, Stefano habló también sobre su gusto por la vida náutica. Reconoció que, pese al peligro que implica, disfrutaba de sus paseos en lancha.
“Aquí uno arriesga su vida aun siendo muy hábil. El accidente está siempre al acecho, es suficiente muy poco, como, por ejemplo, una ola mal tomada”.
Según explicó el propio Stefano, su esposa nunca le pidió que dejara su hobbie, pero “si lo hiciera, lo dejaría, sin duda”, expresó.
“La velocidad es algo que acapara atención e interés. Los deportes más cuidados y precisos son aquellos más peligrosos«, y como profeta a él le sucedió el 3 de octubre de 1990.


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