Realeza

¿El título de duque de York está ‘salado’?: la supuesta maldición que han sufrido sus portadores, incluyendo el príncipe Andrés

¿El título de duque de York está ‘salado’?: la supuesta maldición que han sufrido sus portadores, incluyendo el príncipe Andrés
El príncipe Andrés y Sarah Ferguson fueron los últimos duques de York. (Foto: Instagram/princesseugenie)

A lo largo de más de 600 años, el título real de duque de York ha pasado por las manos de traidores, mártires, guerreros, reyes… y ahora, un príncipe caído en desgracia; por lo que la pregunta de si tendrá una maldición se vuelve «obvia».

Tal vez sea simple azar histórico, pero si algo parece claro es que llevar el título de York no siempre ha sido garantía de buena fortuna.

En un hecho inédito, el príncipe Andrés anunció que renunciaría a sus honores reales y títulos nobiliarios, entre ellos, el de duque de York con el que se le conocía desde que su mamá, la reina Isabel II, se lo otorgó en 1986 cuando se casó con Sarah Ferguson, como dicta la tradición.

“Tras conversaciones con el Rey y mi familia inmediata y más amplia, hemos concluido que las continuas acusaciones contra mí distraen del trabajo de Su Majestad y de la Familia Real. He decidido, como siempre, anteponer mi deber hacia mi familia y mi país”, se informó desde Buckingham Palace.

Lo que llevó al príncipe Andrés a renunciar a su título de duque de York

La decisión la tomó luego de que su cercana amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein dañara enormemente su reputación hace unos años y posteriormente, en 2021, la ahora fallecida Virginia Giuffre lo demandara por agresión sexual cuando ella tenía 17 años -aunque todo terminó con un acuerdo en 2022-.

Aunque él insiste en su inocencia, la presión mediática logró que la reina Isabel lo despojara de sus funciones reales en 2019. Desde entonces ha mantenido un perfil bajo, pero ahora que han surgido viejos mensajes que demostrarían su apoyo a Epstein, se ve orillado a dar un paso más atrás.

“Mantengo mi decisión de hace cinco años de retirarme de la vida pública. Con el consentimiento de Su Majestad, considero que ahora debo dar un paso más. Por lo tanto, ya no usaré mi título ni los honores que me han sido conferidos. Como ya he dicho, niego rotundamente las acusaciones en mi contra”, explicó en el comunicado.

Andrés de York ha puesto en jaque a la Corona con escándalos en los años recientes por lo que ha sido marginado en sus funciones dentro de la monarquía. 
El príncipe Andrés ha puesto en jaque a la Corona con escándalos en los años recientes por lo que ha sido marginado en sus funciones dentro de la monarquía. (Foto: Instagram/princeandprincessofwales)
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¿Duque de York, un título real que arrastra una maldición?

El reciente anuncio del príncipe Andrés sobre su estatus dentro de la monarquía hace recordar que el título real de duque de York que prometió ya no usar, ha estado marcado en la historia por la tragedia, ¿o podríamos decir maldición?

A lo largo de más de seis siglos, el título de duque de York ha pasado de mano en mano dentro de la realeza británica, dejando tras de sí un inquietante rastro de traiciones, muertes prematuras, desapariciones y destinos truncados. Desde su creación en el siglo XIV, parece que quienes lo han llevado nunca han terminado demasiado bien, por lo que podría decirse que tiene una especia de maldición.

Los orígenes del ducado: un título nacido bajo la sombra de la traición

El primero en ostentar el título fue Edmundo de Langley, cuarto hijo del rey Eduardo III. Él fue uno de los consejeros más cercanos de su sobrino, el rey Ricardo II. En ausencia del monarca, solía quedar al mando del reino, consolidando su papel como figura clave de la corte.

Sin embargo, su lealtad daría un giro inesperado cuando traicionó a Ricardo al respaldar la invasión de Inglaterra por parte de Enrique Bolingbroke, quien acabaría convirtiéndose en Enrique IV.

Este episodio de ambición inspiró hasta el mismísimo Shakespeare en su obra Ricardo II, con el duque de York como una figura central en la caída del rey y el ascenso de la casa de Lancaster.

La trágica muerte del segundo duque de York

Un final trágico fue el que tuvo el segundo duque de York, Eduardo, hijo de Edmundo (primer duque de York). Aunque sirvió con honores durante los reinados de Ricardo II, Enrique IV y Enrique V, su muerte fue dramática.

Existen dos versiones. La primera apunta a que murió “asfixiado hasta la muerte” cuando le salvó la vida a Enrique V durante la batalla de Agincourt en 1415. Dicen que el calor y los cuerpos de los cadáveres que cayeron sobre él terminaron con su vida. Otros aseguran que en el mismo conflicto, por salvarle la vida al rey, recibió una herida en la cabeza que acabó con su vida.

Cual sea de los dos finales, no murió en condiciones agradables.

El duque que casi fue rey… pero murió decapitado

El tercer duque, Ricardo de York, sobrino de Eduardo, creció con una ambición peligrosa: reclamar el trono durante el turbulento reinado de Enrique VI. Afirmaba que el era el legítimo heredero de la corona por su linaje.

Pese a que los lores aceptaron su derecho a heredar la corona tras la muerte del monarca, su destino fue otro. En 1460, murió en la batalla de Wakefield, y las crónicas aseguran que sus enemigos lo humillaron coronándolo con juncos antes de decapitarlo y exhibir su cabeza con una corona de papel a las puertas de York.

Eduardo IV: el duque de York que se convirtió en rey, pero murió enfermo

Su hijo Eduardo logró lo que su padre no: convertirse en rey Eduardo IV. Pero incluso en el trono, la supuesta maldición pareció seguirlo.

Hacia el final de su vida sufría graves problemas de salud que sus médicos atribuían a los eméticos que usaba para provocarse el vómito y seguir comiendo. Algunos historiadores modernos sospechan que padecía sífilis.

Murió en 1483 dejando el trono a su hijo de 12 años, Eduardo V, bajo la tutela de su hermano, Ricardo duque de Gloucester. Lo más extraño es que el pequeño Eduardo y su hermano desaparecieron y nunca se ha resuelto el misterio.

Los “príncipes en la Torre”: el misterio más oscuro de la monarquía

La historia de Eduardo V y su hermano Ricardo de Shrewsbury es quizá la más siniestra del linaje de York.

Ambos fueron enviados a la Torre de Londres y nunca volvieron a ser vistos. Los niños, conocidos como los príncipes en la Torre, se convirtieron en una de las leyendas más perturbadoras de la monarquía británica.

Algunos apuntan a su tío, el futuro rey Ricardo III, como el responsable de su desaparición. Historiadores aseguran que los asfixió, otros señalan que los mandó desaparecer para quedarse con el reino.

En 2021, el Proyecto Príncipes Desaparecidos sugirió que Eduardo pudo haber sobrevivido en Devon bajo otra identidad, pero no existen pruebas concluyentes. Con su desaparición, el ducado de York volvió a extinguirse.

Su tío pasó a convertirse en rey, mientras que el paradero de los menores se convirtió en un misterio sin resolverse.

Del trono a la guillotina: siglos de duques de York desafortunados

El título renació en 1494 con Enrique Tudor, que más tarde se convertiría en Enrique VIII y lo devolvería a la Corona al subir al trono en 1509.

Después llegaría Carlos Estuardo, futuro Carlos I, decapitado tras la Guerra Civil inglesa; y su hermano Jacobo Estuardo, que sería Jacobo II, bajo cuyo nombre se fundó el estado de Nueva York, en honor al ducado.

En 1725, el título se recreó para Enrique Benedicto Estuardo, pretendiente jacobita sin reconocimiento oficial en Inglaterra.

Más tarde, el ducado se fusionó con el de Albany, y fue ostentado por Ernesto Augusto de Brunswick-Luneburgo, hermano del rey Jorge I, quien murió sin heredero varón.

El siguiente en portar el título fue Federico Augusto, hijo de Jorge III, recordado como el “Gran Viejo Duque de York” por sus reformas militares durante las guerras napoleónicas. Fiel a la tradición del título, también murió sin descendencia.

Los hombres de la era moderna que han llevado el título real de duque de York no se han salvado de la ‘maldición’

De Jorge V a Jorge VI: los duques que se convirtieron en reyes

Ya en tiempos modernos, el ducado de York fue otorgado en 1892 al futuro Jorge V, y más tarde, en 1920, al futuro Jorge VI (papá de la reina Isabel II), quien jamás pensó en reinar. Sin embargo, la abdicación de su hermano Eduardo VIII en 1936 lo llevó inesperadamente al trono.

Jorge VI murió inesperadamente y joven, a los 56 años, debido a una trombosis coronaria. Se dice que el estrés por la Segunda Guerra Mundial afectaron mucho su salud.

El príncipe Andrés: el último en la línea de un legado complicado

En 1986, la reina Isabel II creó el ducado de York por octava vez, otorgándoselo a su segundo hijo (quien dicen era su favorito), el príncipe Andrés.

Desde entonces, su vida pública se ha visto marcada por polémicas que muchos asocian, en tono de broma (o superstición), con el infortunado historial del título. Y ahora con la renuncia a su título real, el ducado volverá a la Corona, como marca la tradición.

La reina Isabel II retomó el ducado de York y se lo concedió a su hijo Andrés en 1986.
La reina Isabel II retomó el ducado de York y se lo concedió a su hijo Andrés en 1986. (Foto: depositphotos.com)
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