Vamos a recordar a esta princesa emblemática (y única hermana de la reina Isabel II) en el aniversario 90 de su nacimiento.
Le tocó ser la pequeña de una familia que en el momento de su nacimiento, el 21 de agosto de 1930, no imaginaba que iba a convertirse en la más conocida de Reino Unido. Margarita formaba parte clan real por ser nieta del rey Jorge V pero ni ella, ni su hermana Isabel ni sus padres tenían los deberes ni la responsabilidad del heredero al trono, que era su tío Eduardo.




Todo cambió en 1936, cuando este último abdicó a favor de Alberto, su hermano menor y padre de Margarita. Entonces, nuestra princesa se convirtió de pronto en la segunda en la línea de sucesión al trono pero, hay que decirlo, con pocas probabilidades de acceder a él, algo que disfrutó y padeció.
Tristemente alegre
Su carácter divertido, despreocupado, afloró desde jovencita y en cartas que escribió en los años 40 a su mejor amiga, Sharman Douglas, hija del entonces embajador de Estados Unidos en Reino Unido, se revela con frases así: «Muchas gracias por la agradable velada del miércoles. Me encantó”, «Mil gracias por el magnífico baile de anoche. Fue un éxito y no te imaginas cómo disfrutaron todos”, «Me sentí tan extasiada con el can can que casi no podía respirar… nunca me había divertido tanto”.
En efecto, a la hermana de la princesa Isabel le fascinaban las fiestas, la diversión, el glamour de la corona, y al no tener sobre ella el peso de ser la futura reina vivió esto al máximo. Desde los 15 años comenzó a fumar y a beber, desgraciadamente las consecuencias se vieron décadas después, cuando al parecer estos excesos le pasaron factura desde mediados de los 80 hasta su muerte, el 9 de febrero de 2002. Entre otros males, Margarita padeció esos años de neumonía y tres accidentes cerebrovasculares, el último le costó la vida.


Su gran amor
Con el estreno de The Crown en 2016, comenzamos a conocer más del carácter y la vida de Margarita, una princesa de cuento sin final feliz por el gran amor que le tuvo y vivió con el capitán Peter Townsend: casado y 16 años mayor que ella. Él era capitán de la Real Fuerza Aérea y hombre de confianza del padre de Margarita, quien le confió su cuidado en 1947 sin imaginar que se convertiría en su más grande amor.
El romance con Peter duró ocho años. Él se divorció en 1952 pero ni eso logró que el gobierno, la iglesia y la reina aprobaran el matrimonio con Margarita, y aunque ella odiaba los protocolos, acabó sujetándose a todos por amor y obligación con su familia, así que en 1955 emitió una declaración en la que daba por terminada su relación.


Es justo este trance doloroso el que le dio el apodo de la princesa triste, del que no se desprendió a pesar de su boda en 1960 con el guapísimo fotógrafo y cineasta Antony Armstrong-Jones. Él era otro espíritu libre como ella, pero al final no lograron llevar un matrimonio pleno aunque en The Crown vimos que vivieron buenos momentos. Tuvieron dos hijos, David, actual duque de Snowdown, y Sarah, quien tiene tratamiento de lady.
Una hermana amorosa
Aunque Isabel II fue quien al final no pudo autorizar el matrimonio de su hermana con Townsend, en The Crown se insinúa que estuvo dispuesta hacerlo al ver el gran amor que Margarita tenía por él. Pero lo maravilloso de esta triste historia es que lejos de guardarle rencor de por vida, Margarita amaba a su hermana y era correspondida, a pesar de los escándalos que después protagonizó, tanto por su vida de fiestas y diversión como por su afilada forma de hablar, sus escapadas a la isla Mustique y su romance con un hombre 17 años menor en la década de los 70.


Hay testimonios que muestran el amor entre las hermanas, como los de Andrew Duncan, el reconocido escritor de la vida de los Windsor, que en 2018 reveló la conmovedora visión que la princesa Margarita tenía de Isabel:
«Mi hermana tiene un aura. Me impresiono enormemente impresionada cuando entra en una habitación. Es una especie de magia. A mi humilde manera, siempre he tratado de quitarle algo de su carga”, le dijo Margarita a Duncan a fines de la década de los años 60. “Ella (Isabel) no puede hacerlo todo, y aprovecho la oportunidad para ayudar. A veces puede ser muy formal y aburrido, pero tengo un escudo contra eso ahora”, decía Margarita en 1969.
Y aunque la princesa no era muy conocida por ser una trabajadora de la corona como su sobrina Ana, el solo hecho de decirlo la presenta como una mujer sin rencores a pesar de lo que te contamos sobre Townsend.
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El último amor
A la princesa se le conocieron algunos amantes. El más importante de ellos fue Roddy Llewellyn, quien era 17 años menor y a quien le presentaron en 1973 en Escocia, durante la fiesta anual de verano de dos sus amigos, lord Colin y lady Anne Glenconner.
Él era arquitecto paisajista e hicieron clic de inmediato. Vanity Fair reporta que ella lo llamaba “mi ángel” y si nos atenemos a lo que dice Theo Aronson, biógrafo de Margarita, vaya que fue cierto: “Se implicó de todo corazón en esta nueva relación. Ella adelgazó, recuperó su alegría de vivir y afrontó todos los aspectos de su vida con un nuevo entusiasmo”. La princesa triste volvía a sentirse plena.
Como buena rebelde, en 1978 Margarita se divorció de su esposo. Era la primera separación en la familia real británica desde principios del siglo XX; un escándalo sin duda, sin embargo, Isabel apoyó a su hermana, además de que sabía perfectamente de su noviazgo con Roddy, con quien Margarita viajaba a su refugio en el Caribe, la isla Mustique. Y este paraíso fue el que los delató ante el mundo en 1976.
La relación con Roddy terminó en 1981 de una manera que, al leer las notas periodísticas al respecto, parece que fue muy civilizada. Él se enamoró de una mujer llamada Tatiana Soskin, se lo dijo a Margarita y ella lo aceptó.
Aronson contó que la princesa dijo: “Estoy muy feliz por él. De todas maneras, no podría haberlo permitido por mucho más tiempo”. Christopher Warwick, otro biógrafo de la princesa, dice que ella “declaró que no le importaba (la ruptura) y que se le daba muy bien poner rostro valiente cuando debía hacerlo».
Probablemente, la reina toleró todo esto (hasta conocer a Roddy personalmente, dice Aronson) por aquella renuncia de Margarita a su primer gran amor, a inicios de los años 50.
En el documental Elizabeth: Our Queen, lady Glenconner dice: “Después del funeral de Margarita, la reina me comentó: ‘Solo quería decirte, Anne, que aunque a veces resultara difícil, te agradezco que presentaras a la princesa Margarita y a Roddy porque eso la hizo muy feliz’”. Esta, quizá, es la prueba mayor del afecto que la reina de Inglaterra tuvo con su única hermana.







