¡Quien lo diría! El príncipe Alberto de Mónaco tiene un vínculo familiar muy especial con México. Y es que la mamá de su abuelo, el príncipe Rainiero III, era originaria de la Ciudad de México. Susana de la Torre y Mier, que formó parte de una de las familias más aristócratas del país, conquistó con su porte y gran belleza al conde Maxence de Polignac, padre de Pierre de Polignac.
En varias ocasiones, Rainiero presumió su interés y cariño por México. Incluso, y de acuerdo con la experta en realeza, Erika Roa, el soberano de Mónaco llegó a decir que «por mis venas corre tequila”, en una clara alusión a su pasado mexicano, del que siempre se mostró orgulloso.
A pesar de que Rainiero no conoció a su abuelita Susana, fue a través de Pierre que supo de las grandes maravillas de nuestro país y quedó fascinado por su historia y culturas, que día a día siguen fascinando a propios y extraños.


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Ella fue Susana de la Torre, la bisabuela del príncipe Alberto originaria de la Ciudad de México
Susana de la Torre fue hija de una de las familias de mayor abolengo del México prerrevolucionario. Sus papás, María Luisa de Mier e Isidoro de la Torre, contrajeron nupcias en 1857 en la Catedral Metropolitana.
El matrimonio, tuvo siete hijos Susana, Isidoro, Tomás, Ignacio, María de la Concepción, María Guadalupe y María de la Esperanza. Como se acostumbraba en las mejores familias de la época, la matriarca de la familia se encargó con especial ahínco de la educación de sus hijas, enviándolas a estudiar a los mejores colegios de Estados Unidos y Europa.
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Fue justo cuando la mayor de las hijas de la familia de la Torre estudiaba en un prestigioso colegio de París que conoció al conde Maxence de Polignac, quien quedó flechado del porte, elegancia y, sobre todo, inteligencia de Susana, quien dicho sea de paso, hablaba cinco idiomas: inglés, alemán, italiano, francés y, por supuesto, español.
En el año de 1881, Maxence y Susana se casaron en la Ciudad Luz. De su unión nacieron Josefina, María Luisa, Raimunda, Javier, Ana, Maxence, Beltrán y Pierre de Polignac. Este último, años después, se convirtió en el príncipe consorte de Mónaco, un título que ha trascendido generaciones hasta la actual y muy conocida familia real del principado, liderada por el príncipe Alberto..


Durante su crianza, Pierre y sus hermanos crecieron escuchando y viviendo la cultura mexicana, inculcada por su mamá. Desafortunadamente cuando el príncipe tenía 18 años, Susana falleció, por lo que nuestra connacional no tuvo la dicha de verlo convertido en soberano de Mónaco, una de las naciones con más tradición y riqueza.
Así fue como Pierre de Polignac se convirtió en príncipe consorte del principado de Mónaco
Soltero y con la presión de no tener un heredero al trono, Luis II de Mónaco reconoció a Carlota, la hija ‘ilegítima’ que tuvo con la actriz Marie Juliette Louvet. Ella, sabía bien que tendría que casarse para llegar al trono y, de esa forma, asegurar la larga línea de sucesión de los Grimaldi como soberanos de ese país europeo.
Fue entonces que Luis II se dispuso a buscar entre las casas ducales más prestigiadas de la realeza europea cuando encontró en Pierre al candidato ideal para convertirlo en el príncipe consorte. La boda, que muchos sospechan fue del todo arreglada y por conveniencia, se llevó a cabo de acuerdo con el protocolo de la realeza de Mónaco.


El matrimonio entre Carlota y Pierre, que culminó oficialmente en 1933, estuvo siempre bajo la sombra de la duda, pues muchos aseguraron que Polignac era homosexual y que mantuvo una relación secreta con el escritor británico, James Lees-Milne, rumor que nunca se confirmó.
De la unión entre ambos, nacieron Antonieta y Rainiero, quien más tarde se convertiría en soberano y en papá del príncipe Alberto, así como de las princesas Carolina y Estefanía, los rostros actuales de la corona de Mónaco, sumamente públicas.
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